La flor de sal de Salinas del Carmen, en Fuerteventura, elaborada por Proasur Cultural Management, fue elegida Mejor Sal Marina de Canarias 2026 en el Concurso Oficial de Sal Marina Agrocanarias, organizado por el Gobierno de Canarias a través del Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA). La misma producción majorera sumó además la distinción de Mejor Sal Marina Ecológica y una gran medalla de oro.

De la tradición a la etiqueta

El segundo gran protagonista del certamen fue Salinas de Janubio, en Lanzarote, cuya flor de sal recibió el premio a la Mejor Innovación, Imagen y Presentación 2026, además de grandes medallas de oro en flor de sal y en sal marina virgen. Ese galardón específico a la innovación evidencia que la sal canaria no compite solo por su sabor, sino también por cómo se presenta y se comercializa. En la modalidad de flor de sal cosecharon medallas de oro Salinas de Fuencaliente, en La Palma, y Salinas de Bocacangrejo, en Gran Canaria. Por islas, Fuerteventura acumuló cuatro premios, Lanzarote tres, y La Palma y Gran Canaria uno cada una.

Qué se cata en una sal

El jurado no juzga la sal como un simple condimento. A través de un examen sensorial se valoran principalmente el aroma, el sabor y la textura, junto a otros parámetros como el color, la consistencia o la granulometría, es decir, el tamaño de las partículas. Las bases distinguen dos grandes categorías, sal marina virgen y flor de sal, a las que se suma la tercera distinción dedicada a la innovación y la presentación.

Un producto con oligoelementos

La sal premiada en Fuerteventura se recolecta a mano con técnicas artesanales que se han mantenido durante siglos. De color blanco brillante, su flor de sal se caracteriza por un contenido reducido de cloruro de sodio y por la presencia de oligoelementos como el magnesio, el zinc o el calcio, lo que, según los productores, la hace más saludable que la sal de mesa procesada. El resultado es un producto de sabor suave, sin amargor ni sensación de sequedad en el paladar y sin aditivos.

Seis salinas que resisten

La producción canaria se sostiene sobre seis salinas actualmente en explotación, repartidas entre Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura y La Palma, que en conjunto rondan las 2.700 toneladas de sal marina al año. Lanzarote concentra el 56% de la superficie productiva, seguida de La Palma, con el 21%; Gran Canaria, con el 18%, y Fuerteventura, con el 5%. La sal gruesa marina tradicional es el principal producto, aunque las explotaciones elaboran también flor de sal, sal fina, escamas, sal húmeda, piedra de sal y otros destinados a usos no alimentarios.

El director del ICCA, Luis Arráez Guadalupe, defendió que la participación de las seis salinas activas ofrece una representación muy completa de la producción del archipiélago y contribuye a dar visibilidad a su diversidad y calidad. El concurso, señaló, sirve además como herramienta de promoción y apoyo a la comercialización para las empresas premiadas, en un sector que combina el valor paisajístico y cultural de las salinas con el empeño por abrirse hueco en el mercado gastronómico.