La izquierda en España se ponen de acuerdo para no estar de acuerdo, son geniales.  En Madrid se separan, en Canarias se abrazan, en Cataluña buscan pareja nueva y en el resto de España cada uno se apaña como puede. Podemos y Sumar llevan meses tirándose los platos a la cabeza, pero en Canarias pueden compartir papeleta, programa y foto de boda, mientras que en Madrid sus diferencias son, según ellos, irreconciliables. Debe de ser cosa del alisio, porque no se me ocurre qué principio político cambia a mitad del Atlántico. La Colau encabezará el Frente Amplio, Irene Montero va por su cuenta y Rufián ha acabado buscando un apaño entre Esquerra y Podemos. De Rufián ya escribí hace meses que me caía bien, y lo mantengo. Es listo, rápido y maneja la palabra  en una Cámara donde abundan los que leen el discurso sin entenderlo y eso en el Congreso, lo de no leer se cotiza alto. Quiso unir a la izquierda, no pudo y lo ha reconocido. A mí no me sorprende. Cuando son tantos los que pretenden pastorear el mismo rebaño, los que le preocupa a todos -izquierda y derecha-  es quién va de primero, quién de segundo y quién tendrá que buscarse la vida de verdad después del 29-N. Sánchez mira el espectáculo desde el palco, repartiendo amor con su esposa. Una izquierda troceada  le descuadra la aritmética parlamentaria a Sanchez, igual pasa con la derecha troceada, que mira que hay trozos.

En Canarias el matrimonio tiene su propia liturgia. Nueva Canarias, Podemos, Izquierda Unida y Movimiento Sumar concurren juntos como Unidad del Pueblo Canario. Es que el pueblo canario ¿esta desunido? El nombre trae inevitablemente el eco de aquella Unión del Pueblo Canario de finales de los setenta, y cuánto queda de aquel espíritu en esta coalición es algo que echo de menos, quien me lo iba a decir a mí que aterrice siendo godo hace más de cuatro décadas. Alberto Rodríguez, con Drago, prefiere ir solo. Con un par, si señor.  Coalición Canaria, por su parte, ha cerrado con Primero Canarias y una veintena de organizaciones nacionalistas y municipalistas una candidatura conjunta al Congreso, con Cristina Valido por Santa Cruz de Tenerife y Teodoro Sosa por Las Palmas. O sea, que Nueva Canarias se ha ido de la mano con la izquierda estatal y una parte del municipalismo grancanario ha terminado en brazos de Coalición. Muy plausible. Todos juran defender Canarias, tener voz propia en Madrid y poner las islas por delante. Muy bien, chacho, pero ¿defender qué, exactamente? Y sobre todo, ¿qué piensan exigir cuando sus votos hagan falta para investir a un presidente? Decía Séneca que ningún viento es favorable para quien no sabe adónde va. Defender Canarias desde la tribuna luce mucho; defenderla sentado frente al Gobierno, con el papel delante, es otro cantar. Los números de 2023 conviene tenerlos presentes. Coalición Canaria sacó un diputado con algo más de 114.000 votos en el archipiélago. Sumar, otro con unos 107.000. Nueva Canarias reunió alrededor de 45.000 y se quedó fuera. Las alianzas han cambiado, pero los votos no son sacos de papas que se pasan de un camión a otro con una firma. En Las Palmas, Teodoro Sosa y Primero Canarias meten en la ecuación algo que hace tres años no estaba, aunque el músculo municipal hay que probarlo en unas generales, que son harina de otro costal. En Tenerife, Valido parte con el escaño de 2023 en el bolsillo, y habrá que ver si el electorado se lo renueva. El reparto provincial no perdona: Sumar pasó de 53.000 votos en Santa Cruz de Tenerife y se quedó sin diputado. Así que a ver que pasa y esperemos las encuestas serias.

Y yo digo ¿esto es una reordenación ideológica de la izquierda y del nacionalismo canario o, sencillamente, un ejercicio de supervivencia? Que piensan uds que me leen. Los pactos son legítimos, y hasta sensatos cuando sirven para representar mejor a la gente. Pero piden una explicación que vaya más allá de evitar que los votos se pierdan por el camino. Que Rufián defienda su proyecto, que Colau encabece el suyo, que Podemos eche sus cuentas y que Coalición quiera crecer me parece fabuloso. Están en su derecho. Pero nosotros,  los ciudadanos estamos en el nuestro de preguntarles qué harán con nuestro voto cuando aterricen en Madrid. En Canarias más que en ningún sitio, porque llevamos demasiados años oyendo hablar de la singularidad de las islas mientras la vivienda, la conectividad, las infraestructuras, la masificación, la sanidad, la educación  y la dependencia económica siguen esperando. Ovidio advertía que mientras seas feliz contarás muchos amigos y que, si el cielo se nubla, te quedarás solo. Ya veremos cuántas de estas uniones sobreviven al primer nublado poselectoral. La próxima legislatura necesitará diputados que sepan negociar y rendir cuentas de lo que obtienen, y eso vale también para los partidos de ámbito estatal. Me queda una curiosidad: los mismos que llevan años predicando la unidad de la izquierda llegan a las urnas divididos en media España, mientras aquí se han entendido, hay que felicitarlos. Igual habría que mandar a los negociadores canarios a Madrid a dar un cursillo. Pensándolo bien, mejor no. Bastante tenemos con lo nuestro como para hacer también de consejeros matrimoniales de la izquierda peninsular. El 29 de noviembre la gente dirá qué alianzas merecen escaño. Hasta entonces habrá fotos, abrazos y promesas de defender lo nuestro. Con la boca llena y algunas con espuma. Después empezará la política de verdad, y ahí veremos quién se sigue acordando de dónde quedan las islas.

Y en breve, las Crónicas de Francia.