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martes, 3 febrero,2026

Jaque al Dólar: La estrategia silenciosa de China

Mientras la Fed se enfrenta a la trampa matemática de la deuda, China apuesta por el activo real anticipando una inevitable devaluación del dinero fiduciario

La cotización del oro ha llegado a máximos históricos, un movimiento que la prensa generalista tiende a simplificar atribuyéndolo a tensiones y conflictos geopolíticos puntuales como las de Venezuela y Estados Unidos, la situación civil en Irán o incluso la guerra en Gaza. Sin embargo, un análisis macroeconómico riguroso revela que el comportamiento del metal no es una reacción al ruido mediático, sino un síntoma estructural. El mercado está descontando una realidad matemática ineludible: la insostenibilidad de la deuda soberana y la inminente capitulación de los bancos centrales ante la necesidad de nuevas inyecciones de liquidez.

Para comprender la magnitud de este ciclo, es necesario diseccionar la interacción entre tres vectores críticos: el reajuste estratégico de China, la encrucijada de la Reserva Federal bajo Jerome Powell con la influencia política de Trump.

El Banco Popular de China (PBoC) ha protagonizado una acumulación de reservas de oro físico sin precedentes en la historia reciente. Debido a que pretende desdolarizar su economía.

Históricamente, China reciclaba su superávit comercial comprando Bonos del Tesoro de EE.UU. Sin embargo, tras la congelación de activos rusos en 2022, Pekín identificó el riesgo inherente al dólar. La estrategia actual es clara: liquidar deuda estadounidense para adquirir un activo neutral y soberano, el oro. Al sustituir «papel» (promesas de pago de un gobierno extranjero) por activos reales, China no solo se protege ante sanciones, sino que apuesta contra la solvencia a largo plazo del Tesoro estadounidense.

Jerome Powell y la Reserva Federal se encuentran atrapados en lo que los economistas denominan «Dominancia Fiscal». Aunque el discurso oficial mantiene la lucha contra la inflación, la realidad aritmética de la deuda pública estadounidense dicta otra sentencia.

Con una deuda nacional superando los 34 billones de dólares, el coste de los intereses (servicio de la deuda) se ha disparado, superando ya el presupuesto de Defensa. Mantener tipos de interés elevados en este contexto es matemáticamente inviable sin provocar una crisis de solvencia estatal. El mercado del oro, actuando como un mecanismo de anticipación, ha comprendido que la Fed no tendrá otra opción que pivotar. La única salida para evitar el impago técnico o una crisis de liquidez en el mercado de bonos es reiniciar la expansión cuantitativa (QE): imprimir dinero para monetizar la deuda.

A la ecuación monetaria se suma la variable política representada por Donald Trump. Su doctrina económica se ha caracterizado históricamente por la preferencia hacia un dólar más débil, que favorezca las exportaciones industriales, y unos tipos de interés bajos que estimulen el sector inmobiliario y bursátil.

La influencia de Trump, ya sea desde la presidencia o como fuerza política dominante, presiona hacia una política monetaria laxa. Los mercados anticipan que una administración bajo su influencia erosionará la independencia de la Fed para priorizar el crecimiento a corto plazo sobre la estabilidad de precios. Esto consolida las expectativas inflacionarias, si la voluntad política es devaluar la moneda para estimular la economía, el oro se convierte en la única cobertura racional.

La historia económica es cíclica. Al analizar episodios anteriores de expansión monetaria agresiva, el patrón es inequívoco. En la década de 1970, tras el fin del patrón oro (Nixon Shock), la expansión de la masa monetaria para financiar el gasto público y la guerra provocó una década de estanflación. El oro pasó de 35 a 800 dólares la onza, no porque el metal cambiara, sino porque el dólar perdió su anclaje con la realidad. La respuesta post-2008 y post-2020 fue similar y es que cada vez que la Fed ha inyectado liquidez masiva (M2) para rescatar al sistema, los precios de los activos tangibles se han revalorizado para ajustarse a la nueva cantidad de dinero en circulación.

El oro en máximos no es una burbuja especulativa; es el «canario en la mina» de la economía global. Su precio actual es el reflejo de la desconfianza sistémica en la capacidad de los gobiernos occidentales para honrar sus deudas sin recurrir a la imprenta. Ante la convergencia de las compras estratégicas de China, la presión política por dinero barato y la inevitabilidad matemática de nuevas inyecciones de liquidez por parte de la Fed, el oro reafirma su rol histórico: ser el único dinero que no es el pasivo de nadie.

Aday Moreno Pérez
Aday Moreno Pérez
Estudiante de Administración y Dirección de Empresas (ADE), comprometido con la libertad económica y el pensamiento austriaco.

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