La tregua entre Estados Unidos e Irán, sellada mediante un memorando de entendimiento hace apenas días, atraviesa su primera semana con tres frentes abiertos que amenazan con descarrilarla antes de que las negociaciones definitivas lleguen a buen puerto.
El choque más directo se produjo este miércoles en torno a las inspecciones nucleares. Trump había asegurado en Truth Social que Irán había aceptado «plena y completamente» el regreso de los inspectores de la OIEA, cuyo director, Rafael Grossi, afirmó por su parte que las verificaciones comenzarán «pronto». Teherán lo desmintió de forma tajante. El viceministro iraní de Exteriores, Kazem Garibabadi, afirmó que en Suiza no se celebró ninguna reunión con Grossi pese a la solicitud del organismo, y que tampoco existe plan alguno para permitir el acceso a las instalaciones nucleares atacadas por EE.UU. e Israel en junio de 2025 ni al material nuclear. Garibabadi subrayó que cualquier discusión sobre inspecciones solo se abordará en el marco de un acuerdo definitivo y una vez que Washington adopte medidas concretas para levantar todas las sanciones. Interpelado sobre el desmentido iraní, Trump respondió que los inspectores irán «a su debido tiempo» y añadió que, de ser cierta la posición de Teherán, cancelaría las reuniones de inmediato.
El fondo del problema nuclear es delicado. Se desconoce el paradero de unos 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, un nivel cercano al necesario para fabricar armamento nuclear, y la variante Bundibugyo del OIEA lleva meses sin acceso real a los lugares bombardeados.
El segundo frente es el estrecho de Ormuz. Irán y Omán han anunciado que estudian imponer algún tipo de peaje o tarifa sobre el tránsito por el estrecho, algo que no existía antes de la guerra. La respuesta de Trump fue inmediata: el presidente estadounidense avisó de que, si no se llega a un acuerdo definitivo en el plazo de 60 días previsto en el memorando, podría ser EE.UU. quien imponga esos cargos de tránsito, como reembolso por los costes de actuar como «ángel de la guardia» de los países de Oriente Próximo. Según medios estatales iraníes, las conversaciones en Suiza llegaron en algún momento a una «fase difícil» y entraron en receso tras la publicación de mensajes de Trump considerados «insultantes» por la delegación iraní.
El tercer frente lo pone Israel. Netanyahu confirmó este miércoles en una conferencia en Tel Aviv que, mientras permanezca en el cargo, el Ejército israelí mantendrá la «zona de seguridad» en el sur del Líbano, el perímetro de hasta diez kilómetros de profundidad que Israel ocupa desde el 2 de marzo. El memorando entre Washington y Teherán recoge explícitamente el compromiso de garantizar la integridad territorial libanesa y el cese de operaciones en todos los frentes, incluido el Líbano, lo que convierte la postura israelí en una contradicción directa con el espíritu del acuerdo. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, fue aún más explícito al declarar que Israel no se retirará del sur del Líbano ni aunque EE.UU. lo exija. Más de 4.000 personas han muerto en el Líbano por ataques israelíes desde el pasado 2 de marzo, y 36 soldados israelíes han perdido la vida en la ofensiva.
Las negociaciones sobre el futuro de Líbano continúan este miércoles en Washington entre delegaciones israelí y libanesa bajo auspicio estadounidense, aunque sin un horizonte claro de retirada.






