Nace hoy esta página volátil, nunca mejor dicho porque no hay nada más volátil que la internet, en un medio de comunicación nuevo o relativamente nuevo porque El Burgado lleva arribando a la costa de las letras y de las ondas décadas ha. Es verdad que ha cambiado el medio, pero ya sabemos lo del clásico, oh tempus o mores.

Siempre que un medio nace o renace cual Ave Fénix, no deja de ser un motivo de alegría para los que transitamos por la república de las letras, única república que nos merece respeto. Hoy más que nunca, cuando las libertades están amenazadas como nunca lo estuvieron en España y por ende en estos peñascos del entrañable García Ramos, son necesarias nuevas o renovadas ventanas de libertad.

Cuando los políticos actualmente están pretendiendo controlar los dos poderes que todavía no tienen del todo, el judicial a través de arteras e ilegales chapuzas jurídicas; y la prensa, a pesar de tener grupos mediáticos perfectamente domesticados vía presupuestos, con los impuestos que pagamos todos, y cuenta con la infernal maquinaria de RTVE cada vez más en broncano, tenemos que olvidarnos de la tendencia española a la indolencia, cuando se dice que aquí no va a pasar.

También se pensaba que en Cuba, a doscientas millas del gigante USA, no iba a pasar, que en Venezuela el país más rico de Hispanoamérica no iba a pasar y ya ven que ha pasado. Es lo de Bertold Brecht, “primero se llevaron a los judíos pero como yo era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era …” ; así que estemos atentos a la jugada que nos preparan, sucia jugada, y bienvenido sea El Burgado, obra de un literario orate como Andrés Chaves y larga vida al medio; procurando que se vendan cada vez más periódicos y se vendan menos periodistas.

Trataremos de trasladar a los desocupados lectores, las percepciones de un chicharrero que ha desarrollado la mayoría de su vida profesional y personal en la isla de enfrente, en “la capitá” como decía el añorado Cho Juaá. Lo mismo puede caer una noticia de esas que los políticos califican de trascendente, un chisme, una recomendación para comer o donde echarse unos rones con los amigos.

En definitiva, siempre habrá algo que contar, incluso alguna vez para meditar o para la gozadera, que cantaba doña Celia.