Semana extraña la que nos deja, finaliza julio y comienza agosto; parece que el mundo se paraliza, sólo pensamos en sol y playa, olemos a protector solar y escuchamos las olas del mar; comida fría, cerveza espumosa, hielos y agua. Algunos leen, otros escuchan música y unos pocos no hacen sino hablar. Muchos ríen y sonríen, y otros sólo pasan calor y gruñen.

Mientras, en algún lugar del mundo, sus ciudadanos se juegan la vida por su libertad, salen a la calle y defienden lo poco que les queda, y lo poco que les va a quedar, a pesar de sus grandes riquezas y de su valentía; otro se enfrenta a su final sin gafas especiales, ni traje extravagante, y sin más, se pone la mano en el bolsillo, enfoca su diana y .. “pum”, vale una medalla de plata; a otra la obligan a abandonar su sueño, porque la moda “woke” quiere hacernos creer que todo es igual, aunque la biología diga que no en todas sus vertientes.

En otros lugares, a pesar de que el año judicial se toma un respiro, después de guardar silencio y dejar más respuestas que interrogantes, “la tirita va antes que la herida”, y sin pena ni gloria, se presentan sendas querellas. Quién sabe si es en su propio defensa, o por tenernos entretenidos el verano, porque entre copa y copa, entre siesta y siesta, es un buen momento para dividir lo que quede por separar.

Aquí, en la capital de la isla, Santa Cruz de Tenerife,  entre las 8.30 y 9.30 de la mañana, en determinadas calles se hacen colas interminables,  donde muchos hombres, mujeres y niños esperan su turno, se les entrega una bolsa o una caja, según la unidad familiar. No veo trajes elegantes, ni políticos haciéndose fotos, no tienen nada que inaugurar, ni cinta que cortar.

Otros datos escalofriantes se dan sin más, no sólo hay colas, también cada dos días se suicida una persona en Canarias; se desconoce la causa.

Y pienso que hemos interiorizado tanto esta  “normalidad”, que por convicción pensamos que “siempre puede ser peor”, y seguimos en el día a día, escuchamos, vemos, oímos, seguimos luchando,  porque nos conviene que sea así, para seguir respirando, para seguir plantando un granito que dará sus frutos.