La búsqueda de los orígenes de Cristóbal Colon no debería hacernos olvidar la pregunta fundamental: por qué se emprendió el viaje del 1492 y que mundo intelectual y político lo hizo posible.
Hay algo paradójico en la manera en que buscamos hoy la verdad histórica sobre Cristóbal Colon. Mientras se intenta esclarecer su procedencia mediante el análisis genético, corremos el riesgo de reducir uno del acontecimiento más importante de la historia moderna a una cuestión de identidad biológica. Saber quién fue Colon es importante, pero ¿es suficiente para comprender por qué ‘emprendió su viaje?; ¿Qué relaciones facilitaron su proyecto y que circunstancia hicieron posible la expedición? La genética puede ayudar a identificar si procede de hueso comprobados, pero para saber los intereses que condujeron al viaje necesitamos volver a la historia y quizá de allí determinar las origines de Colon. Quizá.
La expedición de 1492 no surgió de la nada. Fue posible en una Europa que estaba transformando su relación con el cocimiento y ampliando sus horizontes geográficos. Dos figuras resultan imprescindibles para comprender aquel ambiente: Paolo dal Pozzo Toscanelli, y Giovanni Battista Cybo. El primo matemático, astrónomo y cosmógrafo fiorentino. En 1474 planteó la posibilidad de alcanzar Asia navegando hacia occidente, en una correspondencia dirigida al portugués Fernao Martins. El alcance exacto de su influencia sobre Colon continúa siendo objeto de debate, pero su propuesta permite situar el proyecto colombino en un a ambiente intelectual anterior a la expedición. La Florencia de Los Medici era uno de los grandes centros culturales de Europa. Roma reunía a humanistas religiosos, diplomáticos y estudiosos en torno a una corte pontificia que también constituía un espacio de intercambio político cultural. Las ideas viajaban con las personas, los conocimientos circulaban entre ciudades, universidades y cortes. ¿hasta qué punto hemos reconstruido las conexiones entre aquellos ambientes y los hombres que hicieron posible la expedición?
Giovanni Battista Cybo, nacido en Génova en 1432, fue elegido papa en 1484 con el nombre de Innnocenzo VIII. Su origen genovés y su posición en la política italiana del renacimiento constituyen un punto de partida para investigar las relaciones entre los círculos intelectuales, la corte pontificia y la circulación de conocimiento geográfico, sencillamente el papa fue a la universidad de Padua y sus amigos eran los intelectuales de la época, incluido Toscanelli. Reconocido hombre de cultura y de universalismo político e religioso, pudo haber planificado el viaje aunque no existen pruebas concluyentes de que financiara el primer viaje de Colon, pero seguro y comprobado queda que Luis de Santangel era su enviado y amigo. ¿Hemos investigado lo suficiente? Entre las pistas que merecen investigarse aparece un pasaje atribuido a una crónica de Todi, bastante inquietante, es reproducido por Pirro Alvie una crónica de los eventos históricos más importante ocurrido años tras años en la ciudad de Todi, en Todi cittá illustre dell’umbria cenni storici, publicado en 1919. El texto dice “é qui di dovere parlare del celebre cardinale Nicolas de Cusa, morto nella nostra cittá … attorno al suo letto erano Toscanelli, Bussi y Martins, si ragionó di Colombo e del Nuovo Mondo” (es el momento de hablar del famoso cardinale Nicolas Cusano, fallecido en nuestra ciudad … junto al lecho de muerte estaban Toscanelli, Bussi y Martins, se habló de Colon y del Nuevo mundo”.
Nicolás Cusano muere en el 1464, Toscanelli en 1482 y el viaje de Colon es del 1492.
La referencia no demuestra autenticidad del relato, pero permite seguir una pista documental. Y ese es el trabajo del historiador: localizar las fuentes, comprobarlas y establecer que podemos afirmar a partir de ellas. El interés por el ADN de Colon no es el problema. El problema sería esperar de la genética respuesta que pertenece a otro ámbito. Una identificación biológica no puede explicar por qué se eligió una determinada ruta, qué conocimientos compartían los navegantes, quien conocía el proyecto ni que circunstancia políticas hicieron posible la expedición. Para responder a esas preguntas debemos volver a estudiar los ambientes culturales y reconstruir las relaciones entre cosmógrafos comerciantes religiosos (no podemos olvidar el monasterio de la Rabida, ni los judíos en las carabelas) y poder políticos. También debemos aceptar que algunas hipótesis se confirmarán y otra tendrán que descartarse, de echo investigar no significa encontrar pruebas de lo que deseamos creer. Los documentos a veces corrigen nuestras expectativas. La procedencia de Colon sigue generando controversia, existen hipótesis sobre identidad familiares diferentes. En la Europa del siglo XV la religión la legitimidad familiar y las rivalidades políticas podía tener consecuencias importantes para la posición social y la seguridad de una persona. ¿Por qué un navegante se esconde antes sus contemporáneos? ¿especulando que daba igual quien él fuese al momento de partir, por qué no decir quien eres a la vuelta? Focalizamos entonces sobre el viaje y que ha cambiado después. Hay muchísimas preguntas que rodean el viaje de Colon sin todavía respuestas: la muerte sospechosa del papa Inocencio VIII, la elección de Alejandro VI que recibió en vaticano los hermano Pinzón siendo cardinal y la proximidad cronológica entre la muerte de Inocencio VIII y la elección de Borja, 25 de julio, y 11 de agosto, con la salida de Palos el 3 agosto por medio y con emisarios pontificios camino a la Gomera, todos eso invita a estudiar el contexto político de aquel verano, y más aun teniendo en cuenta de la damnatio memoria que papa Borja decreta sobre papa Cybo. Hay elementos que, si leído en calve de necesidad del viaje, empiezan a tener sentidos, la historia de echo, no gana rigor cuando transforma las coincidencias en certeza, gana cuando se atreve a examinar las sospechas. El viaje de 1492 sigue siendo extraordinario porqué fue el resultado de una convergencia histórica cuyo alcance merece estudiarse, ese mundo fascinante y lleno de preguntas merece ser descubierto. Nada más y nada menos para aclarar el porqué, en la lapide de papa Inocencio VIII, muerto antes de que Colon zarpó de Palos, está escrito novi orbis suo aevo inventi gloria, “durante su tiempo la gloria del descubrimiento”. Todas preguntas que la obsesión para el ADN deja sin respuesta.



