Sánchez ha grabado un vídeo proclamándose “zurdo y a mucha honra” y digo yo, chacho, ¿desde cuándo ser de izquierdas, de derechas o de centro constituye por sí solo un mérito? Sánchez ha aprovechado la visita de Milei -este es otro- para montar espectáculo con una lona en Ferraz, un vídeo, unos cuantos pelotas palmeros, y ya tenemos al socialismo español recuperando el orgullo a cinco semanas de las urnas, y de eso nada, una cosa es el socialismo y otra cosa es esta. El socialismo te lo has cargado querido, con la falta que hacía. Hasta nos ha explicado que ser zurdo es porque sube las pensiones, sube el salario mínimo y defiende los derechos sociales. Y una ¡poca leche! Como diría La María, y es que también podríamos hablar de otras cosas que han ocurrido durante sus años de Gobierno y que no caben en su vídeo. A mí que cada cual se reivindique como le dé la gana me parece estupendo, y si mañana sacan la camiseta, como ya hicieron en las europeas de 2024, que la vendan a buen precio. Pero el orgullo, como la elegancia, exige cierta coherencia. Y viendo lo que está ocurriendo alrededor del PSOE, quizás el lema apropiado no sea “orgullo zurdo”, sino “orgullo sordo”. Que soy de Dos Hermanas y se lo que es el socialismo. Y hay que estar Sordo para no escuchar lo que dicen los tribunales, sordo para no enterarse de lo que pasa a su alrededor y sordo, sobre todo, para no responder a las preguntas que cualquier ciudadano del pueblo tiene derecho a formular. Ya lo dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y ahí es donde empieza lo verdaderamente escandaloso, los socialistas no están sordos, los sanchistas lo están del todo.
¿Es orgullo zurdo haber tenido a un fiscal general del Estado, nombrado por su Gobierno, condenado por el Tribunal Supremo por revelación de datos reservados? ¿Es motivo de orgullo que Begoña, la mujer del presidente, tenga abierto juicio oral por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación, que habrá de celebrarse ante un tribunal del jurado? ¿O están orgullosos de que David Sánchez, el hermano, haya sido condenado por la Audiencia de Badajoz a nueve años de inhabilitación como cooperador necesario de un delito de prevaricación administrativa? Cierto es que la sentencia está recurrida y no es firme, pero ya hay quien ha acudido al Tribunal de Cuentas para que devuelva los sueldos cobrados de la Diputación por una plaza que, se creó a su medida. ¿También eso forma parte del orgullo? ¿Y qué me dicen de los secretarios de Organización? Porque el PSOE de Sánchez ha tenido dos seguidos, y vaya dos. Santos Cerdán, investigado judicialmente después de pasar meses en prisión provisional. Y antes que él, José Luis Ábalos, que además fue ministro de Sánchez, condenado por el Supremo a veinticuatro años y tres meses de prisión por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias en la trama de las mascarillas, junto a Koldo García, su inseparable asesor, que se lleva diecinueve años y ocho meses. ¿Eso también es para ponerse la camiseta de orgullo zurdo? Y todavía nos queda Zapatero, expresidente socialista del Gobierno, investigado en la Audiencia Nacional por el caso Plus Ultra, con sus dos hijas citadas a declarar como investigadas por organización criminal, tráfico de influencias y blanqueo de capitales. Citadas, fíjense ustedes, para el 30 de noviembre, el día después de las elecciones. Y luego están las joyas, valoradas inicialmente en 1,3 millones de euros, que aparecieron en la caja fuerte de su despacho, por las que ya está imputado por contrabando y delito fiscal, y por las que Anticorrupción pide ahora investigarle también por malversación. El razonamiento de la Fiscalía tiene su gracia, primero que sea la fiscalía la que lo pida, y es que si, como sostiene el propio Zapatero, fueron un regalo del rey saudí al presidente del Gobierno de España, entonces no eran suyas, sino del Estado. Lo decidirá el juez Calama, creo. Poderoso caballero es don Dinero, que escribió Quevedo, aunque esta vez venga engarzado. Naturalmente, todos tienen derecho a defenderse, los investigados conservan su presunción de inocencia y los condenados pueden interponer los recursos que procedan; eso lo tengo bastante claro. Pero también tengo claro que los ciudadanos tienen derecho a preguntar. ¿Es este el orgullo del que presume Sánchez? ¿O tendremos que esperar a que fabriquen otra camiseta para que nos lo expliquen?
Y luego está el otro mensaje, el que no se dice del todo pero se insinúa: que si Sánchez no gobierna, perderemos nuestros derechos. Vamos a matizarlo y no acojoneis a la peña. ¿Las pensiones? Su revalorización conforme al IPC está fijada por ley, la Ley 21/2021, y quien quiera tocarla tendrá que pasar por las Cortes. ¿El salario mínimo? Lo fija cada año el Gobierno de turno, y la subida del 8 % para 2017 la firmó Rajoy, que por lo visto también era un poco zurdo y Uds. sin saberlo. ¿El aborto? La ley de 2010 la avaló el Tribunal Constitucional en 2023, y una sentencia del Constitucional no caduca con un cambio de inquilino en la Moncloa. Los derechos, chacho, no son propiedad de un partido ni del señor Sánchez, que a mi abuelo y a mi padre le dieron por todos lados para conseguir estos derechos para que ahora vengas tu a arrogártelos. Están en la Constitución, en las leyes y en los tribunales que las hacen cumplir, y por eso sobreviven a quien gobierna seas tu Sánchez o quien venga – eso si viene- Lo que sí se pierde cuando un Gobierno se acostumbra a no rendir cuentas es el derecho a obtener respuestas. Tácito hablaba de la rara temporum felicitas, esa rara felicidad de los tiempos en que uno puede pensar lo que quiere y decir lo que piensa.
Lo que me gustaría saber es qué estaríamos escuchando en este país si semejante colección de autos, sentencias y citaciones llevara otras siglas en el membrete. ¿Se imaginan a Feijóo con una camiseta de “orgullo de diestros” mientras su entorno familiar y sus antiguos colaboradores desfilaran por los juzgados? ¿Qué dirían Sánchez, sus ministros y todos esos apóstoles de la regeneración democrática? Porque conviene recordar que Sánchez llegó a la Moncloa con una moción de censura contra Rajoy, precisamente invocando la corrupción y la necesidad de devolver la decencia a la política. Han pasado ocho años y ahora la regeneración parece consistir en cambiarse de camiseta. No sé si la ocurrencia del orgullo zurdo dará votos el 29 de noviembre, ni si los españoles prestarán más atención a las lonas que a la realidad. Lo que sí sé es que un partido puede sentirse orgulloso de su historia, de sus ideas y de sus logros, pero debería ser capaz de escuchar lo que sucede a su alrededor. Y Sánchez, que ha hecho de la comunicación política un oficio, debería saber que hay preguntas que no desaparecen por mucho que uno sonría delante de una cámara. Aunque, pensándolo bien, quizás de eso se trate: de hacer tanto ruido con el orgullo para no oír lo demás. Orgullo sordo. Con un par. Nunca pasa nada.


