lunes, 21 septiembre,2026

Diputados iraníes registran un plan de urgencia para sacar a su país del Tratado de No Proliferación Nuclear

La propuesta, presentada como represalia por los bombardeos de Estados Unidos e Israel, todavía necesita el visto bueno de la cúpula del régimen para prosperar

Un grupo de parlamentarios iraníes ha puesto en marcha la maquinaria para que Irán rompa con el Tratado de No Proliferación Nuclear, el acuerdo que desde hace más de medio siglo trata de impedir que se multipliquen las potencias atómicas. El diputado Alí Hayideliganí confirmó al periódico iraní Sharg que un plan con ese objetivo, articulado en tres puntos, ha sido registrado por la vía de urgencia para que la Mesa del Majlis lo lleve al orden del día cuanto antes.

El argumento que esgrimen sus impulsores es que permanecer en el pacto ha dejado de compensar. Seguir dentro del tratado, sostiene Hayideliganí, «solo perjudica» a Irán en las actuales circunstancias, en alusión directa a la campaña militar que Estados Unidos e Israel lanzaron contra objetivos nucleares y militares iraníes el pasado 28 de febrero. La retirada se plantea, por tanto, como una respuesta política a esos ataques.

De momento se trata de una iniciativa legislativa, no de una decisión tomada. Ibrahim Azizi, que preside la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, admitió que la salida «está sobre la mesa» y que existen planes firmados por varios diputados, pero subrayó que convertir eso en una determinación oficial exige «la coordinación y consolidación de los pilares del sistema», es decir, el respaldo de las máximas instancias del poder en Teherán, empezando por el líder supremo.

Azizi dejó la puerta entreabierta sin cerrar plazos. «Si un día los pilares del sistema islámico concluyen que pertenecer al TNP ya no es beneficioso, sino perjudicial, evidentemente tomarán las decisiones apropiadas», afirmó, en una fórmula deliberadamente ambigua que mantiene la amenaza viva como instrumento de presión sin comprometer una ruptura inmediata.

Lo que estaría en juego con esa marcha es la propia supervisión internacional del programa iraní. Teherán ratificó el tratado en 1970 y, al hacerlo, se comprometió a someter sus instalaciones a las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica a cambio de renunciar a fabricar la bomba. Abandonarlo expulsaría a los inspectores del OIEA y privaría a Occidente de su principal ventana para vigilar hasta dónde ha llegado realmente el enriquecimiento de uranio iraní.

Irán ha coqueteado con esta amenaza en crisis anteriores sin llegar nunca a materializarla, y ha defendido siempre que sus fines son pacíficos. La diferencia esta vez es el contexto: la propuesta surge tras una guerra abierta con Washington y Tel Aviv, con el estrecho de Ormuz bloqueado por decisión de Teherán y con la diplomacia mundial reunida estos días en Nueva York, donde Donald Trump ha llegado a insinuar que no descarta verse con el presidente iraní. El único país que ha ejecutado hasta ahora una salida del tratado fue Corea del Norte, en 2003, poco antes de dotarse de armamento nuclear, un antecedente que planea sobre cualquier movimiento de este calibre.

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LECTOR AL HABLA