El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha rechazado de plano la posibilidad de celebrar elecciones mientras dure la guerra con Rusia, al advertir de que unos comicios en las circunstancias actuales fracturarían el país. «Creo que en una guerra como esta, las elecciones en sí mismas representan un riesgo enorme. Ahora mismo, las elecciones son un tsunami para el país que dividirá Ucrania», afirmó el mandatario en una comparecencia ante un grupo de periodistas celebrada el sábado, la primera de este tipo en meses. Zelenski fue más lejos al sentenciar que si se quisiera destruir el país, entonces se podría avanzar hacia la convocatoria de elecciones en tiempos de guerra.

La negativa responde de forma directa a un desafío interno lanzado esta misma semana. El pulso lo abrió el exministro de Defensa Mijaílo Fedorov, que en un vídeo reclamó avanzar hacia unas elecciones presidenciales pese al conflicto, con el argumento de que la democracia no puede ser rehén de Rusia. Zelenski, sin embargo, se apoya en el marco legal vigente: Ucrania mantiene la ley marcial desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, una legislación que prohíbe expresamente convocar comicios. De hecho, el propio mandato de cinco años del presidente concluyó en mayo de 2024, sin que se celebraran elecciones ante la continuidad de la guerra, un argumento que Moscú ha utilizado para cuestionar su legitimidad.

Este domingo el exministro afirmó que Zelenski tiene que responder por los supuestos casos de corrupción en su Gobierno, y sostuvo que una investigación sobre blanqueo de capitales anunciada la semana pasada plantea interrogantes sobre si el presidente estaba al tanto de posibles irregularidades en su círculo más cercano. Su equipo confirmó además que planea viajar próximamente a Estados Unidos, un movimiento que reaviva las especulaciones sobre si el exministro se está posicionando como rival político de Zelenski, a quien, según los sondeos, podría derrotar en una eventual segunda vuelta.

El perfil de quien lanza el desafío agrava el problema para el presidente. Fedorov, de 35 años, fue uno de sus aliados más estrechos y una figura muy popular por su impulso a la innovación tecnológica y a los drones, hasta el punto de que su destitución el pasado julio, apenas seis meses después de asumir Defensa, desató una ola de protestas insólita desde el inicio de la guerra. Miles de ucranianos salieron entonces a la calle para exigir su restitución y la salida del jefe del Ejército, Oleksandr Sirski, con quien el exministro mantenía fuertes discrepancias sobre la conducción del conflicto. La presión popular fue tal que Zelenski acabó destituyendo también a Sirski.

La disputa coincide con una intensificación de los ataques rusos con misiles balísticos, muy difíciles de interceptar y que evidencian las carencias de las defensas antiaéreas ucranianas, mientras Kiev acelera su propia campaña de ataques de largo alcance contra refinerías e infraestructuras energéticas rusas. Zelenski recibió este fin de semana en Kiev a varios líderes y senadores occidentales para reclamar más sistemas Patriot, en vísperas de una reunión de aliados europeos prevista para el lunes. El pulso plantea, en definitiva, un dilema de fondo que atraviesa a toda la sociedad ucraniana: cómo preservar la legitimidad democrática sin abrir, en plena invasión, una fractura interna que debilite al país frente a Rusia.