Recorrer los diez kilómetros entre Fañabé y Guaza, en la TF-1, puede superar la hora cualquier día entre semana. Más de 100.000 vehículos circulan a diario por este tramo, uno de los más cargados del archipiélago. Y la obra que debía aliviarlo —un falso túnel licitado hace años— sigue paralizada desde junio de 2025. Diez meses después, el sur de Tenerife sigue esperando una solución que no llega.
La foto es siempre la misma. Colas, radiadores al sol, móviles en la mano, turistas desconcertados y trabajadores que salen de casa una hora antes porque saben que lo demás es jugar a la ruleta. La TF-1 entre Fañabé y Guaza concentra buena parte del tráfico turístico y laboral del sur de Tenerife, y hace tiempo que dejó de funcionar como autopista: en hora punta funciona como una calle mal aparcada.
El plan para desatascarla tenía un nombre concreto: falso túnel. Una estructura que permitía reordenar la vía sin paralizar el tráfico durante años. La obra estaba adjudicada. Y la obra está parada desde junio de 2025. La suspensión la decidió la Consejería de Obras Públicas, Transportes y Vivienda del Gobierno de Canarias, y desde entonces el proyecto no ha vuelto a ponerse en marcha. El PSOE de Adeje ha vuelto a reclamar en abril de 2026 la ejecución del proyecto como una de las medidas urgentes para aliviar los atascos en el sur, con el respaldo de asociaciones de comerciantes y vecinos de la zona.
El contraste con otros tramos de la red tinerfeña resulta incómodo. El tercer carril de la TF-5, entre Guamasa y el Aeropuerto de Los Rodeos, está a punto de adjudicarse con un presupuesto de 66,4 millones y plazo de 35 meses, y los trabajos podrían arrancar antes del verano. En el norte se avanza. En el sur se aplaza. El argumento oficial —necesidad de revisar el proyecto, problemas con el adjudicatario, trámites administrativos— no termina de cuadrar con la urgencia real de un tramo que soporta más de 100.000 vehículos al día.
Mientras tanto, comerciantes y usuarios de la TF-1 llevan meses denunciando la política de parches: cierre de carril puntual, señalización mejorada, campañas para circular en hora valle. Todo eso son aspirinas. El problema estructural —la falta de capacidad física de la vía para absorber el tráfico del sur turístico— solo se resuelve con obra. Y la obra principal está, literalmente, parada.
Hay una frase que repiten los transportistas del sur cada vez que se les pregunta: «Cuando se colapse del todo, ya sí harán algo». El cálculo cínico asume que hace falta una crisis para que se muevan expedientes. No debería ser así. Diez meses de obra suspendida en el tramo más cargado de una autopista insular es tiempo suficiente para exigir una explicación clara, plazos concretos y responsabilidades nombradas. El resto son atascos.







