Meliá Hotels International comunicó el 3 de junio a la Comisión Nacional del Mercado de Valores que cesa de forma inmediata la gestión, comercialización y uso de sus marcas en 15 de sus 34 hoteles en Cuba. El giro resulta llamativo porque hace apenas unos meses el presidente de la cadena mallorquina había descartado en redondo cualquier salida de la isla. La razón es sencilla: el plazo fijado por Washington expiraba dos días después.
El 1 de mayo, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que endurece las sanciones contra Cuba. En consecuencia, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro fijó el 5 de junio de 2026 como fecha límite para que empresas e instituciones financieras extranjeras liquidasen todas sus operaciones con GAESA, el conglomerado económico-militar vinculado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, que controla aproximadamente el 40% de la economía cubana, incluyendo puertos, la Zona Especial de Desarrollo del Mariel y la principal cadena hotelera estatal, Gaviota.
La salida de Meliá se inscribe en una desbandada sin precedentes. Iberostar, el segundo mayor operador hotelero extranjero en Cuba, anunció que deja de gestionar 12 establecimientos. La canadiense Blue Diamond, tercera por número de instalaciones, también ha comunicado el cese total de sus operaciones. Las navieras alemana Hapag-Lloyd y francesa CMA CGM han dejado de aceptar nuevos pedidos vinculados a la isla, e Iberia suspendió el 1 de junio la ruta Madrid-La Habana.
Meliá señaló que la gran mayoría de los hoteles afectados ya estaban cerrados o sin actividad, consecuencia de los problemas energéticos y la caída de la demanda turística, y que el aporte económico de Cuba a los resultados de la compañía se había reducido considerablemente en los últimos años. Durante los primeros cuatro meses de 2026, la llegada de visitantes internacionales cayó un 55,8%, y en abril apenas entraron 30.551 turistas.
El impacto sobre la economía cubana es brutal. El economista Daniel Torralbas advirtió que el éxodo de compañías internacionales sitúa a 2026 como el peor año en la historia económica de Cuba en los últimos 70 años.







