La nueva variante del COVID‑19, llamada Stratus (denominación científica XFG y XFG.3), ha experimentado un crecimiento exponencial en países de Europa y el Sudeste Asiático, llegando a representar ya el 22 % de los casos globales. Identificada inicialmente en India, donde ya se detecta en el 68,7 % de las muestras, la cepa se está extendiendo con velocidad en el continente europeo.
Stratus es una variante recombinante, resultado de la fusión de dos linajes (LF.7 y LP.8.1.2) del ómicron. Presenta mutaciones específicas en la proteína Spike (aminoácidos 478 y 487) que le permiten evadir el sistema inmunitario con mayor eficacia, lo que podría explicar su ventaja de crecimiento frente a otras variantes.
En el Reino Unido, se ha convertido en la variante predominante en Inglaterra, pasando del 10 % en mayo al 40 % a mediados de junio, una progresión rápida que preocupa a los expertos.
Los síntomas habituales de esta infección incluyen fiebre, tos, fatiga, congestión y, sobre todo, ronquera o garganta irritada —una característica distintiva de Stratus—. Médicos británicos han descrito un dolor de garganta punzante y dificultad para tragar, aunque no se observa gravedad clínica superior a la de variantes anteriores.
Aunque por ahora la OMS mantiene el riesgo global como bajo, ha calificado a Stratus como una “variante bajo vigilancia” y alerta sobre su ventaja de transmisión frente a cepas previas. No hay evidencia de que cause una enfermedad más severa, ni que evada la eficacia de las vacunas actuales frente a casos graves o hospitalización .
Expertos señalan que la propagación se facilita por dos factores: las mutaciones descritas y la disminución de la inmunidad colectiva, debido a la menor aceptación de las dosis de refuerzo y al descenso de nuevas infecciones recientemente.
Ante esta situación, las autoridades sanitarias recomiendan mantener medidas preventivas: aislamiento al presentar síntomas, uso de mascarillas, ventilación adecuada y actualización de la vacunación, especialmente en grupos vulnerables.







