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viernes, 1 mayo,2026

Koldo García declara en el Supremo tras la maratónica sesión de Aldama

La vista se retoma donde quedó el miércoles tras la extensa declaración del empresario que acaparó toda la sesión

Koldo García ofreció ayer su versión de los hechos ante el Tribunal Supremo. El exasesor del exministro José Luis Ábalos negó rotundamente las acusaciones más graves que pesan sobre él y defendió con vehemencia la actuación de su antiguo jefe durante la pandemia, en una declaración que contrasta frontalmente con el relato ofrecido el miércoles por el empresario Víctor de Aldama.

El punto central de la declaración fue su rechazo categórico a haber recibido diez mil euros mensuales en efectivo de Aldama, tal como el empresario aseguró en su comparecencia. García negó también haber recibido regalos de gran valor de forma sistemática, aunque admitió que en ocasiones adelantó gastos vinculados a la vida personal del ministro que, según su versión, fueron devueltos posteriormente.

El exasesor definió su función en el ministerio como la de una persona que resuelve problemas, que llama a quien hace falta y facilita trámites que considera necesarios. Insistió en que su papel era puramente logístico y de coordinación, sin capacidad real para tomar decisiones sobre adjudicaciones de contratos. Cuando el fiscal le preguntó sobre su intervención en el caso de las mascarillas, García aseguró que se limitó a trasladar ofertas de empresas al ministerio, pero que carecía de facultad para adjudicar.

Una de las líneas argumentales que García repitió durante su intervención fue que lo único que preocupaba a Ábalos era conseguir material sanitario en plena pandemia. Defendió que tanto él como el exministro actuaron movidos por la urgencia de la crisis sanitaria, sin otro objetivo que salvar vidas. Sobre Aldama, afirmó que le consultó porque entonces era consejero de Air Europa y creía que podía ayudar a conseguir mascarillas porque le vio muy agobiado.

Sin embargo, García aseguró desconocer un dato fundamental: según su declaración, Aldama jamás le dijo que pertenecía a Soluciones de Gestión ni que había cobrado algo por las mascarillas. Esta afirmación resulta clave, porque la empresa Soluciones de Gestión está en el centro de las investigaciones sobre presuntas comisiones irregulares en la compra de material sanitario.

El exasesor cuestionó con dureza la integridad de los chats incluidos por la Unidad Central Operativa en sus informes. Defendió que las conversaciones aportadas no estaban completas y que su lectura resultaba parcial, lo que distorsionaba el significado real de los mensajes. Cuando el fiscal le mostró audios de conversaciones con Ábalos, García llegó a decir que no reconocía ninguno de los audios y que habría que demostrar con quién estaba hablando realmente.

Uno de los momentos más tensos de la declaración llegó cuando tuvo que explicar por qué se encontraron veintisiete teléfonos prepago en su domicilio. García defendió que mantuvo una relación de colaboración con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado desde principios de los años noventa en labores de lucha antiterrorista. Según su relato, los dispositivos eran desechables y se renovaban por seguridad para proteger el anonimato de confidentes con los que trabajaba.

El exasesor también se quejó de no haber tenido acceso a los teléfonos requisados durante la investigación y relató episodios de tensión durante los registros. Afirmó que dejó de hablar con Aldama tras una pelea física y censuró la actuación de agentes que, según él, entraron armados en su casa mientras su hija menor estaba presente, lo que consideró una exposición al riesgo innecesaria.

Sobre su relación con el presidente Pedro Sánchez, García reconoció que durante las primarias del PSOE hablaba con él, llegando a referirse al entonces candidato por su nombre de pila. Sin embargo, enfatizó que esa dinámica cambió radicalmente cuando Sánchez llegó a La Moncloa. En sus propias palabras, cuando llegó a ser presidente, yo ya no hablaba con el presidente. García, que admitió hablar hasta con las piedras, defendió que el sentido común tiene que solucionar esto, insistiendo en que no mantuvo conversaciones con el jefe del Gobierno.

La fiscalía mostró especial interés en una conversación entre García y Ábalos en la que el primero le dice al exministro que su hijo tiene que tener dinero tuyo, por cojones, a lo que Ábalos responde me va dando algo. García le reprocha gastarse cuatrocientos setenta mil euros en dos años. Cuando le preguntaron por esta conversación, el exasesor cuestionó si era realmente una conversación grabada y reiteró que habría que demostrar con quién estaba hablando.

El caso de Jéssica Rodríguez, la pareja del exministro, también ocupó parte del interrogatorio. García admitió que la ayudó a buscar un piso en Madrid y que también la ayudó en la búsqueda de trabajo mientras estudiaba. Reconoció haber enviado su currículum a la entonces presidenta de ADIF, Isabel Pardo de Vera, pero aseguró que Rodríguez realizó una entrevista para trabajar en Ineco. Sobre las acusaciones de que no acudía al trabajo, García aseguró desconocerlo, afirmando que creía que teletrabajaba y que su hermano le indicaba cómo hacer las cosas para ayudarla.

Uno de los aspectos que la fiscalía intentó esclarecer fue cómo Puertos del Estado dobló en treinta y ocho minutos la oferta inicial de cuatro millones de mascarillas. García no supo responder por qué se produjo ese incremento ni si fue él quien dio la orden, pero aseveró que si hubieran conseguido veinte millones, hubiera dicho que los trajeran. Defendió que medio mundo sabía que los gobiernos, las comunidades autónomas y los ministerios estaban buscando material sanitario.

Sobre los viajes de su hermano a República Dominicana, que según las acusaciones se debieron a la recogida de pagos en efectivo de una empresa de Aldama, García ofreció una explicación alternativa. Afirmó que su hermano Joseba es muy dado a vivir la aventura, que conoció a una chica, se cogió un avión y se marchó. También reconoció que miró para implantar en España un negocio de fruta tropical, pidiéndole a su hermano que mirara la pitaya.

La nota de los diez mil euros que aparece en uno de los móviles de Koldo no responde, según su versión, al metálico que Aldama dice que le entregaba mensualmente, sino a una previsión de gastos de aviones para negocios relacionados con América Latina. Esta explicación busca desmontar uno de los pilares de la acusación, que sostiene que existía un flujo regular de pagos en efectivo.

García también realizó una denuncia grave durante su declaración. Aseguró que en un viaje que hizo a Madrid para recoger un coche, ya iniciada la investigación, los de la UCO le propusieron que sería bueno que dijera ciertas cosas del señor Ábalos o de otras personas. No dio más detalles sobre este episodio, pero insinuó que existió presión para que colaborara contra el exministro.

El exasesor reiteró en varias ocasiones que va a intentar demostrar a los siete magistrados que le juzgan que no ha cometido ningún delito. Mostró su convicción de que el fiscal jefe Anticorrupción no está buscando su inocencia, y apeló a su forma de ser, con algunas peculiaridades buenas o malas, para intentar hacer lo correcto y que los magistrados lo entiendan.

Tras más de siete horas de declaración, el presidente de la Sala, Andrés Martínez Arrieta, preguntó al fiscal cuánto tiempo preveía que duraría el interrogatorio al exministro Ábalos. El fiscal Luzón señaló que eso no dependía solo de las preguntas, sino también de la extensión de las respuestas, y planteó si Ábalos estaba en condiciones de empezar a declarar a esas horas. El abogado de la defensa, Marino Turiel, intervino para decir que había hablado con su cliente y que no estaba en condiciones, por lo que se decidió posponer su declaración.

El contraste entre las versiones de Aldama y García no podría ser más pronunciado. Mientras el empresario dibujó una red organizada de pagos, comisiones y tráfico de influencias que implicaba directamente al exministro y su asesor, García presentó una narrativa de funcionarios desbordados por una crisis sanitaria sin precedentes, actuando con buena fe para conseguir material que salvara vidas. Los magistrados deberán ahora determinar cuál de estas dos versiones se ajusta más a la realidad de los hechos investigados.

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