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lunes, 1 junio,2026

Canarias: ni tierra de odio ni territorio de obediencia

Ana Oramas dijo al representante de Vox, la semana pasada en el Parlamento Canario, que Abascal no viene a mandar en Canarias. Pero la pregunta sigue ahí: si Canarias no debe obedecer a Abascal, Sra. Oramas ¿por qué tendría que soportar sin rechistar las decisiones de Sánchez en materia migratoria, entre otros barcos?

Ana Oramas tuvo la semana pasada su momento de gloria parlamentario que echábamos de menos. Desde la tribuna, y mirando al diputado de Vox, le espeto que si no le gusta esta Canarias se mande a mudar. Brutal, un bien queda de manual. Y dicho por Ani –con cariño, lo de Ani- esa política que tanto gusta a mi madre, que hasta piensa que es la presidenta de Canarias. Y es que me calza 84 años.

Muy bien, diputada canaria, pero es que lo que está pasando no debe medirse por aplausos. Que los mismos que le aplauden no entienden que ha pasado con esa Canarias que parece representar Oramas.

Y es que resulta curioso que Oramas se pone firme contra Abascal, pero  su partido ha sostenido políticamente a Sánchez, bajo cuyo Gobierno Canarias sigue soportando una presión migratoria que se decide en Madrid, se gestiona en Bruselas y se padece aquí, por no hablar del barco y el ratón. Y es que siendo sensatos y serios, lo que aquí vengo a escribir y opinar es que no se trata de comprar el discurso de Vox. Se trata de algo más sencillo y es que, Sra Oramas, Canarias no puede ser el lugar donde todos deciden y los canarios aguantan y obedecen al imperio.

Pero no deja de tener razón en que Canarias fue tierra de emigrantes, antes y ahora. ¿O no son emigrantes nuestros jóvenes que se marchan porque aquí no pueden? Pero me voy a centrar en el discurso que solo hablaba del pasado, es verdad, muchos canarios salieron de aquí porque no había pan suficiente, y se marcharon a Venezuela, Cuba, Argentina, Uruguay, a donde hiciera falta.

Aunque soy de los que piensa que ese argumento no debería ser un cheque en blanco ni anestesia ante las evidencias diarias. Es tan sencillo para mirar un poco en los libros de historia reciente y vera que el canario que emigró no fue a exigir privilegios. Fue a trabajar, a integrarse, a empezar desde abajo con la boca cerrada y los pies en el suelo. No constituyó guetos ni se colocó por delante de nadie. Por eso, recordar que fuimos emigrantes no obliga a aceptar sin crítica una política migratoria que no tiene de humana más que el discurso. Una cosa es la acogida. Otra es que Madrid presuma de humanidad mientras Canarias pone los muelles, los centros saturados y la factura, por nombrar solo tres.

Vox llevó al Parlamento canario su propuesta de prioridad nacional. Y viniendo de Vox sea lo que sea se rechaza, eso lo tienen en el manual el resto de partidos políticos. Se puede rechazar. Se puede criticar. Lo que no se debería de hacer es usar ese debate para tapar lo que cada vez  más está en la calle. Y es que muchos canarios sienten que están quedando los últimos en su propia tierra. Y cuando una parte de la población canaria tiene esa sensación, la política debería escuchar a su gente, a mi gente, como cantaría Pepe Benavente. Y se llena la boca la propia interviniente, en el parlamento. Mi gente. Pues Ani, tu gente lo está pasando canutas.

En Roma también se hablaba mucho de la República mientras el poder real lo ejercía César. Aquí pasa algo parecido. Se levanta la voz contra Abascal y se baja el tono cuando quien manda es Sánchez. Se defiende la dignidad canaria cuando el adversario es Vox, pero la cosa se vuelve más prudente cuando la responsabilidad apunta a Sánchez.

Los mismos que han convertido la inmigración en un sermón permanente se preguntan después por qué crecen los partidos ultras. Crecen porque a mucha gente se le ha negado el derecho a preguntar. Crecen porque cuando alguien plantea dudas sobre seguridad, vivienda, servicios o menores, se le responde con una etiqueta moral antes de que termine la frase. La gente no se rebela contra ayudar. Se rebela contra ser tomada por idiota o pollaboba como dije la semana pasada.

Si la nación de Oramas es Canarias, como ella misma dijo, entonces Canarias debe ser defendida siempre. No solo frente a Vox. También frente a Sánchez. Y sobre todo frente a cualquiera que pretenda decidir desde lejos lo que aquí se soporta de cerca. Salgan a la calle y escuchen, por el bien de Canarias.

El nacionalismo canario no debe ser una pose. No debe ponerse firme contra Abascal y quedarse cómodo ante Sánchez. No puede usar la bandera para el aplauso y olvidarla cuando toca exigir cuentas. Digo yo. Que no soy nadie.

Canarias debe ser solidaria, pero no sumisa. Debe acoger con humanidad, pero exigir gestión, recursos y respeto a quienes viven aquí. Porque cuando el canario acaba siendo el último en Canarias, algo se está haciendo muy mal. Y lo saben. Y cuando la política institucional no se atreve a decirlo, la calle termina buscando a quien lo diga peor, más alto y sin matices.

Ni tierra de odio. Ni territorio de obediencia.

La solidaridad sin gestión es propaganda para ser aplaudida un fisco. La acogida sin recursos es abandono, como pasa. Y el nacionalismo que solo se indigna contra Abascal, pero se acomoda ante Sánchez, no defiende Canarias: administra su indignación según convenga. Y eso, no es bueno. A Canarias, hay que defenderla, también de esos aplausos.

Juan Inurria
Juan Inurria
Abogado. CEO en Grupo Inurria. Funcionario de carrera de la Administración de Justicia en excedencia. Ha desarrollado actividad política y sindical. Asesor y colaborador en diversos medios de comunicación. Asesor de la Federación Mundial de Periodistas de Turismo. Participa en la formación de futuros abogados. Escritor.

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