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martes, 3 febrero,2026

Sánchez respalda a Óscar Puente tras los accidentes de Adamuz y Gelida y rechaza su destitución

Pedro Sánchez, ha optado por el cierre de filas en lugar de la asunción de responsabilidades. Durante una comparecencia en Huesca en apoyo a la candidata del PSOE en Aragón y exministra de Educación, Pilar Alegría, el jefe del Ejecutivo ha expresado todo su reconocimiento a la labor del ministro de Transportes, Óscar Puente, de quien ha destacado que ha dado la cara desde el primer momento. Esta defensa pública llega en una semana trágica, tras los accidentes ferroviarios de Adamuz y Gelida que han dejado un rastro de dolor y una indignación social que parece no haber llegado al Palacio de la Moncloa.

Resulta difícil digerir este respaldo incondicional cuando los familiares de las víctimas aún esperan respuestas claras y el servicio de Rodalies en Cataluña permanece suspendido por falta de seguridad. Para Sánchez, la gestión de Puente ha sido ejemplar por el simple hecho de comparecer, obviando que la responsabilidad de un ministerio no termina en la retórica, sino en el funcionamiento eficiente y seguro de una red ferroviaria que hoy se percibe como obsoleta y peligrosa. El reconocimiento presidencial choca con la realidad de unas vías degradadas y un sistema de mantenimiento que ha demostrado serias deficiencias estructurales en los últimos meses.

La estrategia del Gobierno parece clara: priorizar la supervivencia política del ministro por encima del desgaste de un servicio público esencial. Al alabar la gestión de la crisis por parte de Puente, el presidente intenta desactivar las peticiones de dimisión que llegan desde la oposición y desde varios sectores sociales que consideran que el tiempo de las palabras ya ha pasado. Sin embargo, este blindaje corre el riesgo de ser interpretado como una falta de empatía hacia el luto de las familias de Córdoba y Barcelona, que ven cómo la política de gestos se impone a la necesaria rendición de cuentas.

Los usuarios de los trenes en España viven una situación de incertidumbre constante. La defensa de Sánchez no soluciona los problemas de seguridad ni devuelve la confianza en un sistema de transporte que está sufriendo la más profunda crisis de reputación.

Menos reconocimiento institucional y más inversiones reales en la red ferroviaria del país.

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