Las autoridades germanas han declarado el estado de crisis en los estados de Turingia, Sajonia y Brandeburgo debido a un incendio forestal que se ha convertido en el más devastador de los últimos treinta años en la región oriental del país.
Los focos se iniciaron el martes 1 de julio en la antigua zona de entrenamiento militar de Gohrischheide, en la frontera entre Sajonia y Brandeburgo, y poco después se extendieron a Turingia, donde las llamas han arrasado entre 200 y 1.000 hectáreas de bosque, según diversas estimaciones de los distritos y servicios de emergencia.
Ante la magnitud del desastre, se movilizaron cerca de 1.000 bomberos —al menos 500 en Turingia y otros 300 en Sajonia—, apoyados por helicópteros de la policía y del ejército, en una operación compleja debido al terreno accidentado, los fuertes vientos y la presencia de munición sin explotar, lo que dificulta el acceso a áreas críticas.
El fuego obligó a evacuar más de un centenar de residentes en poblaciones como Heidehäuser, Neudorf, Lichtensee, Wülknitz y Zeithain. Las autoridades recomendaron tomar solo pertenencias imprescindibles, proteger vías respiratorias y evitar desplazamientos en coche por la zona.
El humo ha llegado hasta Berlín, a casi 300 km del origen, generando preocupación por su alcance y visibilidad desde la capital.
El primer ministro de Turingia, Marko Wolfram, calificó la situación de “agotadora” y expresó alivio por una “ligera mejora” en los últimos días, aunque subrayó que los focos residuales aún representan un riesgo debido al viento.
El cambio climático, junto con olas de calor que afectan Europa, ha sido señalado por expertos como una de las causas del aumento en frecuencia e intensidad de estos incendios en el norte del continente.







