El colectivo de hackers Jabaroot ha amenazado con revelar la identidad de los agentes de los servicios de inteligencia de Marruecos, en plena crisis migratoria de Ceuta. Como muestra de que dispone de esa información, el grupo publicó la noche del martes en su canal de Telegram los nombres y las fechas de nacimiento de una veintena de presuntos agentes de la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST), el servicio de inteligencia interior marroquí. El colectivo asegura tener en su poder una base de datos con cerca de 70.000 nombres vinculados a ese organismo y a la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), ambos dirigidos por Abdellatif Hammouchi, que es también el máximo responsable de la Policía marroquí.
Conviene manejar esas cifras y acusaciones con cautela, porque es la clave para no exagerar el alcance del episodio. Lo difundido hasta ahora es una muestra, no una base de datos auditada: el grupo publicó dos capturas con registros ordenados alfabéticamente que, según él, corresponderían a personal de seguridad marroquí, pero disponer de algunos registros auténticos no demuestra poseer toda una base de inteligencia, ni convierte automáticamente en espía a cada funcionario que aparezca en ella. Además, la información mostrada se refiere a la DGST y la DGSN, pero no acredita una filtración equivalente de la DGED, el principal servicio de inteligencia exterior marroquí, precisamente el que el CNI sospecha que podría haber infiltrado a algunos individuos entre quienes asaltaron la frontera el 30 de julio. Hablar, por tanto, de la publicación de todos los espías de Marruecos queda por encima de lo que permiten afirmar las pruebas públicas.
El grupo vincula su ofensiva a la crisis de Ceuta y la plantea como una represalia. Desde el 7 de agosto, buena parte de sus mensajes giran en torno a la avalancha migratoria, y Jabaroot exige a Rabat disculpas oficiales, la declaración de un periodo de luto nacional por los fallecidos y la suspensión de las elecciones legislativas marroquíes previstas para el 23 de septiembre. El colectivo responsabiliza directamente a altos cargos de la administración marroquí de haber orquestado la entrada masiva de migrantes. Esa narrativa coincide en parte con testimonios recogidos por El Confidencial y atribuidos a dos exagentes marroquíes exiliados, según los cuales la decisión de dejar crecer la presión sobre Ceuta habría surgido en un reducido núcleo de poder con especial peso de Fouad Ali el Himma y del propio Hammouchi. El objetivo, según esa versión, habría sido mostrar el malestar de Rabat por una investigación periodística internacional publicada en julio por catorce medios sobre las prácticas de sus servicios secretos.
Las amenazas de Jabaroot han ido escalando a lo largo del mes. En un primer mensaje, el 12 de agosto, el grupo ya aseguró disponer de documentación sobre agentes, colaboradores, objetivos y supuestas operaciones marroquíes contra España y Argelia, además de actuaciones conjuntas con Francia, Israel y Estados Unidos, unas afirmaciones de enorme calado diplomático que siguen sin contar con verificación técnica independiente. El segundo aviso, el del pasado martes, elevó la presión con la publicación de la primera muestra de nombres. De materializarse el volcado completo, expertos en ciberseguridad advierten de que supondría un descalabro operativo sin precedentes para Rabat, al comprometer no solo a los agentes sobre el terreno, sino también a sus redes de informantes y operaciones clandestinas, con especial incidencia en la península ibérica.
El origen y la fiabilidad del grupo siguen siendo, sin embargo, una incógnita. Jabaroot no es un actor nuevo: desde hace más de un año protagoniza filtraciones de información sensible en Marruecos, entre ellas una sonada brecha en la Caja Nacional de Seguridad Social, pero su composición, sus motivaciones reales y sus posibles vínculos permanecen sin aclarar. Esa opacidad obliga a tratar sus afirmaciones con prudencia, ya que un colectivo anónimo con una agenda política declarada tiene incentivos para magnificar sus capacidades. El episodio se enmarca, en cualquier caso, en la guerra informativa y de inteligencia que rodea la crisis de Ceuta, un terreno en el que se cruzan filtraciones, sospechas de instrumentalización de la migración y un pulso diplomático de fondo entre Madrid y Rabat, y en el que conviene distinguir con claridad entre lo que está acreditado y lo que, por ahora, son solo acusaciones sin confirmar.






