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viernes, 13 febrero,2026

Tu socio fantasma

El regalo de Reyes de los trabajadores por cuenta propia en España no ha sido una sorpresa agradable este 2026.  Tras un año marcado por la inflación y la inestabilidad, el mes de enero desembarcó con un nuevo golpe a la línea de flotación de las pequeñas economías: la regularización de cuotas por ingresos reales y una nueva subida del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI).

Para el autónomo, el Estado ha dejado de ser un recaudador para convertirse en un socio que solo aparece para llevarse la mejor parte del beneficio, sin haber aportado una sola hora de trabajo.

La regularización es un “cepo” fiscal al descubierto, el gran protagonista de este trimestre. Bajo el mantra de la “justicia contributiva”, la Seguridad Social ha comenzado a cruzar los datos definitivos del ejercicio anterior con las cuotas provisionales abonadas. El resultado es, para muchos, un cepo fiscal que se activa justo cuando el negocio intenta recuperar el aliento tras la campaña navideña.

Si los rendimientos netos fueron superiores a la previsión inicial, aunque sea de forma mínima, el sistema reclama la diferencia de forma inmediata. Miles de profesionales se encuentran ahora con notificaciones que exigen abonos de cientos, en algunos casos miles, de euros por ingresos que ya fueron reinvertidos o consumidos por los costes de vida. Esta retroactividad convierte la planificación financiera en una misión imposible ya que el autónomo nunca sabe cuánto debe realmente hasta que el Estado decide pasar la factura cuando ya es tarde.

A este ajuste se suma el incremento del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que este enero escaló hasta el 0,9%. Aunque el Gobierno lo presente como una cifra marginal, para el trabajador por cuenta propia representa una “fuga de agua” constante en su cuenta de resultados. A diferencia de los salarios, el autónomo asume el coste integro de este recargo, que se suma a una cuota que ya devora, en muchos tramos, más del 30% de sus ingresos reales.

La crítica desde los sectores más liberales y las asociaciones de autónomos es unánime: el sistema es implacable para cobrar, pero lento para proteger. Mientras las cuotas suben para sostener el sistema de pensiones, el acceso a prestaciones reales como el cese de actividad sigue siendo una carrera de obstáculos burocráticos que se deniega en más del 60% de los casos.

En definitiva, España se consolida en 2026 como un país donde emprender se castiga con una inspección de ingresos constante y una presión fiscal que no entiende de márgenes de beneficios, sino de afán recaudatorio. El “socio que no trabaja” ha vuelto a subir el alquiler de la persiana, y muchos autónomos empiezan a preguntarse si, bajo estas condiciones, merece la pena seguir levantándola.

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