Donald Trump publicó en su red social que Estados Unidos tiene “completo y total control de los cielos sobre Irán”, una afirmación contundente que llega en medio de una escalada militar creciente entre Washington, Tel Aviv y Teherán. Según Trump, las defensas antiaéreas iraníes —“buenos rastreadores de cielo y otros sistemas”— no se comparan con el “material concebido, fabricado y producido en EE. UU.”, rematando con un enfático “Nadie lo hace mejor que el buen viejo USA”.
Trump acompañó este mensaje de una exigencia de “rendición incondicional” a Irán, dirigida al ayatolá Jameneí, que, según señaló, no será asesinado “al menos no por ahora”, pero que sabe su ubicación. Esta retórica coincide con el despliegue de aviones cisterna y cazas estadounidenses en Oriente Medio, así como con la afirmación de que EE. UU. ya habría logrado la superioridad aérea en territorio iraní.
Las declaraciones de Trump suponen una señal firme de alineamiento con Israel en la Operación “Rising Lion”, en la que Tel Aviv ha llevado a cabo bombardeos a instalaciones nucleares y defensas antimisiles iraníes. Mientras tanto, Irán intensifica sus ataques con misiles y drones sobre ciudades israelíes como Haifa y Tel Aviv, provocando víctimas civiles e internacionales.
Sin embargo, el alcance real del control aéreo declarado por Trump se mueve entre la retórica política y una presencia militar preventiva, no ofensiva directa. Washington por ahora solo ha contribuido a la defensa antimisiles de Israel y ha evitado involucrarse en bombardeos directos a objetivos iraníes. No obstante, su postura ha generado inquietud entre aliados como Reino Unido y Alemania, que instan a la contención y diplomacia, mientras que Rusia y China advierten sobre el riesgo de conflicto global.
Internamente en EE. UU., estos comentarios de Trump han provocado también fricción al interior del movimiento conservador. Varios líderes MAGA, entre ellos Tucker Carlson y Marjorie Taylor Greene, han cuestionado el riesgo de involucrarse en otro conflicto en Oriente Medio. Por su parte, el vicepresidente JD Vance defendió el mensaje, enfatizando que Trump mantiene “una coherencia notable desde hace diez años” contra Irán nuclear.
Ya no se trata solo de misiles y diplomacia, sino de quién domina los cielos y marca el ritmo de la ofensiva. Si esta “rendición incondicional” queda en un mensaje más o menos propagandístico o desemboca en acciones concretas, está por verse. Lo cierto es que, tanto militar como mediáticamente, Trump acaba de colocar el listón muy alto.







