El mandatario republicano ha confirmado que la flota enviada hacia las costas iraníes ya se encuentra lista para actuar, advirtiendo de que las fuerzas navales cumplirán su misión con una rapidez y violencia similares a las empleadas recientemente en el escenario venezolano. Estas afirmaciones se producen apenas una semana después de que el portaaviones USS Abraham Lincoln cruzara el estrecho de Malaca, marcando el inicio de un despliegue militar que Washington califica de disuasorio.
El tono de las amenazas ha ido escalando de forma exponencial en las últimas cuarenta y ocho horas. Si bien el pasado martes el presidente se refería con cierta ironía a la presencia de otra hermosa Armada flotando hacia la región, su discurso de este miércoles ha abandonado cualquier rastro de ambigüedad para centrarse en la capacidad de sus unidades. Según fuentes del Pentágono, el despliegue no solo incluye al grupo de combate del portaaviones, sino también unidades de apoyo logístico y sistemas de defensa aérea avanzada, configurando una fuerza de intervención rápida capaz de responder a cualquier provocación de la Guardia Revolucionaria de Irán.
La mención explícita a Venezuela en el discurso presidencial no es casual. Trump ha querido trazar un paralelismo entre la presión ejercida sobre el régimen de Caracas y la actual estrategia contra Teherán, sugiriendo que el uso de la fuerza militar es una opción real y operativa sobre la mesa de la administración estadounidense. Esta comparativa busca proyectar una imagen de determinación absoluta ante lo que la Casa Blanca describe como una amenaza inminente para los intereses de Estados Unidos y sus aliados en el Golfo Pérsico.
Las autoridades iraníes han respondido calificando estos movimientos de guerra psicológica y han advertido de que cualquier agresión contra su territorio recibirá una respuesta contundente. Las capitales europeas mantienen silencio, tratando de mediar para rebajar la tensión diplomática antes de que la flota alcance su posición definitiva.







