Keir Starmer se enfrenta a la mayor crisis política desde su llegada al poder tras sufrir una derrota histórica en las elecciones locales del 8 de mayo de 2026. El Partido Laborista se desplomó al 15% del voto, perdiendo más de 450 escaños en Inglaterra y, por primera vez en 27 años, el control del Parlamento de Gales.
El gran ganador fue Reform UK de Nigel Farage, que ganó más de 600 escaños y pasó de no controlar ningún ayuntamiento a dirigir siete, consolidándose como tercera fuerza política y rompiendo el tradicional bipartidismo británico. En Gales, los independentistas del Plaid Cymru arrasaron con 43 escaños, mientras los laboristas se hundieron hasta solo 9 diputados.
En un discurso de urgencia este lunes, Starmer descartó dimitir y prometió situar al Reino Unido «en el corazón de Europa», calificando el Brexit como un error que empobreció al país. Anunció la nacionalización de British Steel y atacó duramente a Farage. Sin embargo, la presión interna crece: la exviceprimera ministra Angela Rayner criticó públicamente su liderazgo y cada vez más diputados piden primarias.
Los escándalos —especialmente el nombramiento del amigo de Jeffrey Epstein como embajador en EE.UU.—, la crisis económica y la incapacidad para reducir el coste de la vida han hundido su popularidad. Aunque de momento sobrevive, pocos creen que pueda liderar al partido en las elecciones de 2029.







