Llevaba treinta y cinco años en desuso, sin protección, con una grúa esperando turno en el dique este. Esta semana, el silo del puerto de Santa Cruz de Tenerife — construido en 1965 y único de su tipología portuaria que sobrevive en territorio español — ha entrado en el listado de Bienes de Interés Cultural del Estado. La Autoridad Portuaria, que tenía abierta la licitación de su derribo, ha tenido que apretar el freno.
El acuerdo del Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife llegó tras un mes de presión cruzada. El Cabildo había pedido protección formal. El Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias venía moviéndose desde finales de 2025. El Gobierno de Canarias remitió un escrito al Estado solicitando la paralización de la demolición. Y, finalmente, el Ministerio de Cultura ha actuado de oficio incoando el expediente para declarar BIC al silo en la categoría de patrimonio industrial.
Con la incoación del expediente, la demolición queda jurídicamente bloqueada: ningún edificio en proceso de declaración como Bien de Interés Cultural puede ser derribado mientras el procedimiento esté abierto.
El silo, levantado en 1965 sobre el dique este del puerto, fue durante décadas la pieza clave de la entrada de cereal a Canarias. Lleva 35 años sin uso operativo. La Autoridad Portuaria justificaba la demolición por la necesidad de liberar suelo en una zona «constreñida» por la reorganización del tráfico portuario y los ruidos nocturnos a los vecinos. Frente a ese argumento técnico, los arquitectos llevaban meses defendiendo que el inmueble es el único silo portuario que se conserva en España y que su valor patrimonial es inseparable de la historia industrial del archipiélago.
El Colegio Oficial de Arquitectos ha calificado la suspensión del derribo como «hito histórico». El Cabildo de Tenerife ha celebrado la decisión y ha valorado que Puertos «haya cumplido con la ley». Detrás de la frase amable, una lectura más áspera: la Autoridad Portuaria llevaba meses tramitando una demolición sobre un edificio que nunca llegó a tener protección formal precisamente porque nadie se la había concedido. Hizo falta que el Ministerio de Cultura entrara con un expediente BIC para frenar la piqueta.
Queda por resolver lo siguiente: qué uso se le da. La declaración BIC protege el continente, no programa el contenido. Y la pelea por qué hacer con un silo industrial de los años sesenta en mitad del puerto no ha hecho más que empezar.
El silo no se cae. La pregunta de cómo levantarlo, ahora que está protegido, abre un nuevo capítulo. Y conviene seguirlo de cerca: en patrimonio, lo que se salva mal se pierde despacio.







