El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder chino, Xi Jinping, escenificaron este martes en Pekín una coincidencia política poco habitual entre un país de la Unión Europea y la potencia asiática. El mensaje central lo marcó Xi desde el inicio del encuentro: ambos países están “del lado correcto de la historia” frente a lo que definió como la “ley de la selva”.
La reunión tuvo lugar en el Gran Palacio del Pueblo, en el marco de la cuarta visita de Sánchez a China en cuatro años. No fue un encuentro protocolario más. El tono fue directo y el contenido, claramente político: defensa del derecho internacional, crítica al deterioro del orden global y apuesta por el multilateralismo como vía para evitar una escalada de conflictos.
Xi insistió en que el sistema internacional atraviesa un momento “turbulento” y que las normas que lo sustentan están siendo “gravemente socavadas”. Frente a ese escenario, planteó una alianza basada en principios compartidos con España para reforzar la cooperación y frenar un modelo de relaciones internacionales basado en la fuerza.
Sánchez, en la misma línea, defendió la necesidad de fortalecer el sistema multilateral y adaptarlo a un mundo cada vez más fragmentado. Ambos dirigentes coincidieron en la lectura de los conflictos abiertos —de Irán a Ucrania— como síntomas de un orden internacional en crisis.
Más allá de la retórica, la cita tiene implicaciones concretas. España busca reducir su desequilibrio comercial con China y abrir más mercado a sus exportaciones, mientras Pekín intenta consolidar socios dentro de Europa en un contexto de tensiones con Estados Unidos. Durante la visita se prevé la firma de varios acuerdos, buena parte de ellos de carácter económico.
El trasfondo geopolítico es evidente. La aproximación entre Madrid y Pekín se produce en un momento de fricción entre España y Washington por cuestiones como la política exterior en Oriente Medio o el papel del multilateralismo. Este viaje refuerza la estrategia del Gobierno español de mantener una posición propia dentro del equilibrio entre bloques.
El mensaje que deja la reunión es claro: España y China no solo buscan reforzar relaciones económicas, sino también proyectar una visión compartida del orden internacional. Una coincidencia que, más allá de las declaraciones, sitúa a Madrid en un terreno diplomático delicado dentro de la Unión Europea y frente a sus aliados tradicionales.







