El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha iniciado una visita oficial a China con una agenda marcada por la necesidad de corregir el profundo desequilibrio en los intercambios comerciales entre ambos países. El Ejecutivo español se ha fijado como prioridad facilitar la reducción del déficit que mantiene con el gigante asiático, una brecha que se ha ensanchado en los últimos ejercicios y que Moncloa considera necesario abordar mediante una mayor apertura del mercado chino a los productos y servicios españoles.
El viaje, de alto contenido económico y estratégico, pone el foco en la cooperación tecnológica, un ámbito al que Sánchez otorga una trascendencia fundamental para el desarrollo de la industria nacional. La delegación española busca atraer inversiones en sectores clave como la transición energética, la digitalización y la movilidad sostenible, áreas donde China ostenta una posición de liderazgo global y en las que España aspira a consolidarse como un socio preferente dentro de la Unión Europea.
Durante sus encuentros con las autoridades chinas, el presidente español tiene previsto trasladar la importancia de establecer un marco de competencia leal que permita a las empresas españolas operar con mayores garantías en el país asiático. Esta reclamación de reciprocidad es compartida por las principales patronales nacionales, que ven en la diversificación de las exportaciones y en la transferencia tecnológica las vías principales para fortalecer la soberanía económica de España.
Al margen de los acuerdos comerciales que puedan suscribirse, el viaje pretende enviar un mensaje de estabilidad y voluntad de entendimiento en un escenario de creciente proteccionismo global. El éxito de esta misión se medirá, en última instancia, por la capacidad de concretar proyectos conjuntos que den un impulso real a la industria tecnológica española y alivien el actual desfase en las cuentas comerciales.







