Canarias se ha convertido en la comunidad autónoma con más denuncias por desapariciones de jóvenes y menores de edad en España, acumulando un total de 3.767 casos en el último ejercicio, según el Informe anual de Personas Desaparecidas.
De esa cifra, 2.904 corresponden a la provincia de Las Palmas y 863 a la provincia de Santa Cruz de Tenerife, situando al Archipiélago como un foco especialmente preocupante en un fenómeno que ha generado alarma social y debate político.
A primera vista, el dato puede parecer contradictorio: ¿cómo es posible que unas islas relativamente pequeñas lideren un ranking que, en otros territorios, lo acaparan áreas con muchas más habitantes? La respuesta, según especialistas en seguridad y sociología, no es única, sino el resultado de diversos factores que se entrelazan.
Migración
Uno de los vectores más relevantes es la alta incidencia de desapariciones de menores migrantes tutelados, muchos de los cuales desaparecen desde centros de acogida sin que se conozca su paradero después.
Las Islas actúan como punto de entrada hacia Europa para cientos de jóvenes que alcanzan el archipiélago tras rutas migratorias peligrosas desde África, y la protección que debiera ofrecer el sistema público en ocasiones falla en retenerlos o garantizar su seguridad, facilitando que se desplacen sin control o caigan en redes de explotación.
Además, Canarias acumula casos de menores que se fugan repetidamente de centros de protección, algo que expertos en desapariciones, como los de la organización SOS Desaparecidos, han señalado como un problema no solo isleño, sino agravado allí.
La mezcla de contextos familiares fracturados, falta de apoyo social y servicios de protección saturados contribuye a que muchos adolescentes opten por desaparecer voluntariamente, escapando de situaciones de conflicto, abuso o falta de oportunidades.
Geografía
La geografía isleña —con miles de kilómetros de costa y espacios interiores montañosos poco accesibles— también complica las labores de búsqueda y localización, alargando plazos y dificultando las investigaciones.
Y si a eso se suman problemas de coordinación entre cuerpos policiales y recursos limitados en comparación con comunidades más grandes del continente, el resultado es una sensación de desbordamiento cada vez que se detecta un caso de desaparición.
Casos mediáticos
Entre las desapariciones que han generado mayor atención mediática en los últimos años figuran algunas que traspasaron fronteras y movieron a amplias movilizaciones, investigaciones policiales intensas y una cobertura constante en prensa internacional.
- Jay Slater (Tenerife, 2024).- El caso del británico Jay Slater, de 19 años, fue uno de los más seguidos por medios nacionales e internacionales. Slater desapareció en junio de 2024 en el Parque Rural de Teno después de asistir a un festival de música y perder el autobús de regreso. La búsqueda se prolongó durante semanas con helicópteros, drones y equipos especializados, y movilizó incluso a voluntarios británicos que viajaron a la isla para ayudar. Finalmente, su cuerpo fue encontrado y la investigación concluyó que había fallecido por una caída accidental.
- Menores migrantes desaparecidos de centros de acogida.- En los últimos años, decenas de menores migrantes han desaparecido desde centros de tutela en las islas. Un informe señaló que 785 menores sin contacto desde hace más de un año han desaparecido tras salir de dispositivos de protección, muchos de ellos posiblemente captados por redes de explotación. Este patrón no solo ha generado preocupación humanitaria, sino también investigaciones internacionales sobre tráfico y explotación de menores.
- Casos más antiguos pero aún vigentes.- Otros desaparecidos, como viajeros o residentes que nunca regresaron de excursiones o rutas por senderos aislados, siguen activos en bases de datos oficiales, alimentando la sensación de que Canarias es un espacio donde, por razones geográficas y sociales, las desapariciones tienen una presencia desproporcionada.
¿Qué se puede hacer?
Las autoridades han tratado de responder con protocolos más rápidos de búsqueda, cooperación policial y campañas de concienciación.
Sin embargo, muchas voces señalan que es necesario un enfoque más integral: mejorar la protección de menores, reforzar los servicios sociales y de salud mental, atender los factores que empujan a los jóvenes a desaparecer y aumentar los recursos técnicos y humanos para búsquedas efectivas.
La situación en Canarias es, a la vez, un desafío de seguridad, un reto social y un llamado a no perder de vista que detrás de cada cifra hay familias con historias y urgencias que no pueden esperar.







