El Gobierno de Ahmed al Shara y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la alianza militar liderada por los kurdos y hasta ahora respaldada por Estados Unidos, han anunciado un acuerdo integral de alto el fuego que sella su unificación política y militar. El pacto, confirmado por la agencia oficial SANA y las autoridades del noreste, contempla la integración gradual de los combatientes kurdo-árabes en la estructura del Ejército sirio, transformando a la guerrilla en una división regular bajo el mando del Ministerio de Defensa.
Este entendimiento llega tras semanas de intensos combates en el norte del país, los más graves desde la caída de Bashar al Asad en diciembre de 2024. El estancamiento en las negociaciones sobre el grado de autonomía de la región del noreste había derivado en una ofensiva estatal que logró capturar ciudades estratégicas como Raqqa. Ante el riesgo de un conflicto total, ambas partes han optado por el pragmatismo: las FDS renuncian a su administración autónoma de facto a cambio de que Damasco garantice por ley los derechos civiles y educativos de la minoría kurda, además de permitir que sus unidades mantengan cierta cohesión interna dentro del nuevo esquema militar.
El acuerdo estipula la retirada inmediata de las fuerzas pesadas de los puntos de contacto y el despliegue de la policía estatal en los centros urbanos de Hasaka y Qamishli, zonas que durante años funcionaron al margen del control central. A nivel administrativo, los funcionarios de la antigua zona autónoma se incorporarán a la función pública siria, mientras que el Estado retoma el control total sobre las fronteras con Irak y Turquía, así como sobre los valiosos yacimientos de petróleo de la región, fundamentales para financiar la reconstrucción del país.
Aunque el pacto cuenta con el visto bueno de Turquía, que ve con buenos ojos la disolución de una entidad kurda autónoma en su frontera, el camino hacia la convivencia no está exento de obstáculos. Sectores de la sociedad kurda han expresado su temor a que el nuevo Gobierno central, de raíces conservadoras, no respete la singularidad de sus instituciones, especialmente las unidades de combate femeninas. Sin embargo, el sentimiento predominante en Damasco y en el noreste es de alivio; tras años de guerra civil y meses de incertidumbre post-Asad, Siria parece haber encontrado la fórmula legal para recuperar su integridad territorial sin necesidad de una victoria militar absoluta.







