El secretario general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, apeló este sábado a alcanzar un «acuerdo entre diferentes» que ofrezca un «horizonte común, al menos de manera táctica», para hacer frente a la extrema derecha, un pacto que incluiría a «todos los que estén en el lado de la civilización frente a la barbarie». Lo hizo en la Conferencia Política de su partido celebrada en Vitoria, con un discurso construido sobre una premisa que sitúa a su propia formación, sin matices, en el bando de los buenos.
«No nos equivocamos de diagnóstico ni de enemigo», proclamó Otegi, que trazó una línea entre «la civilización y la barbarie» y llamó a un «programa de mínimos» a quienes se sitúen del primer lado. La contundencia de la fórmula, sin embargo, es una caracterización interesada del propio dirigente, no una descripción neutral del tablero político: reparte por adelantado las etiquetas de civilizados y bárbaros según su conveniencia, y coloca a EH Bildu como árbitro de esa frontera moral.
El planteamiento llega envuelto en un tono apocalíptico. Otegi advirtió que en unos meses «todo el país, los siete territorios», podría estar «bajo la dominación de una presidencia de la república fascista, de extrema derecha, y un gobierno en España de extrema derecha, un gobierno PP-Vox». Esa dramatización de una hipotética victoria de la derecha le sirve para justificar la necesidad de un frente amplio en el que su partido aspira a ejercer de aglutinador.
El pasaje más llamativo fue su reivindicación de la «ejemplaridad» como antídoto contra la extrema derecha. «En Euskal Herria, la ejemplaridad también está del lado de EH Bildu», aseguró Otegi, que la asoció a combatir «las puertas giratorias, el enchufismo y el clientelismo». La afirmación resulta difícil de sostener sin memoria histórica: la coalición que él lidera es heredera de la izquierda abertzale que durante décadas amparó la actividad de ETA, y el propio Otegi fue condenado por su vinculación con la banda, un pasado que no aparece en su relato sobre quién representa la ejemplaridad moral.
El objetivo último del «acuerdo entre diferentes» tampoco es la mera defensa de la democracia, sino un proyecto de parte. Otegi dejó claro que EH Bildu es «indepe» y quiere construir «una república vasca socialista y feminista», y presentó el pacto táctico como una herramienta «para poder avanzar cada uno en su proyecto político». Bajo la retórica del frente antifascista late, por tanto, la vieja aspiración soberanista: más autogobierno como palanca hacia la independencia, con la lucha contra la derecha como envoltorio movilizador.
El discurso incorporó además un gesto hacia el adversario nacionalista. Otegi reivindicó el legado del lehendakari José Antonio Aguirre, referente histórico del PNV, con el argumento de que «en un momento grave, se echó el país a los hombros aunando fuerzas», aunque aclaró que no pretende «robar un símbolo» a los jeltzales. La apelación a Aguirre, figura del nacionalismo democrático que combatió al franquismo, busca dotar de respetabilidad histórica a una estrategia con la que EH Bildu aspira a disputar al PNV la hegemonía del soberanismo vasco.
La propuesta se formuló sin nombres ni estructura concreta, lo que la convierte más en un marco de relato que en un plan articulado. Otegi no presentó una lista de formaciones ni un mecanismo de acuerdo, sino un «mínimo común denominador» difuso que le permite presentarse como la fuerza que «se echa el país a los hombros». El resultado es un discurso hábil en lo retórico, que envuelve la ambición partidista y territorial de EH Bildu en el lenguaje grandilocuente de la civilización frente a la barbarie, y que da por hecho, sin más prueba que su propia palabra, de qué lado de esa raya se encuentra.






