Un millón y medio de personas han acudido este sábado a las urnas en Cisjordania y en un solo municipio de la Franja de Gaza en unas elecciones locales que llegan tras 20 años de vacío democrático. En Gaza, solo Deir al-Balah ha podido celebrar la votación, y lo ha hecho en carpas instaladas como colegios electorales, con urnas de madera fabricadas en el propio territorio porque Israel ha impedido la entrada del material oficial.
Son las primeras elecciones en Gaza desde las legislativas de 2006, cuando Hamás ganó y se hizo con el control del enclave. Desde entonces, nada. Ahora, con más de 72.000 muertos tras dos años de ofensiva israelí y un alto el fuego vigente desde octubre pasado, unos 70.000 gazatíes han tenido la oportunidad de votar, una cifra que representa menos del cinco por ciento de la población del territorio.
La Autoridad Palestina, controlada por Fatah desde Cisjordania, ha organizado estos comicios con una condición: todos los candidatos deben comprometerse con el programa político de la Organización para la Liberación de Palestina. Eso incluye reconocer al Estado de Israel, apoyar la solución de dos Estados y renunciar a la lucha armada. Hamás, que no reconoce a Israel, queda fuera por definición. Aun así, el grupo islamista ha dado su aprobación al proceso y sus fuerzas de policía han custodiado los colegios electorales en Deir al-Balah.
La elección de este municipio para la votación no ha sido casual. Es una de las pocas zonas de Gaza donde la infraestructura civil se mantiene en pie en buena medida. Ha conservado sus calles pavimentadas, sus edificios y parte de sus servicios públicos. Durante la ofensiva israelí se convirtió en refugio para cientos de miles de desplazados, muchos de los cuales siguen viviendo allí en tiendas de campaña. Ahora es el lugar más caro de la Franja, pero también el único donde ha sido posible organizar unas elecciones.
El resto de Gaza está bajo ocupación israelí o completamente arrasado. Israel controla el 58 por ciento del territorio dentro de lo que se conoce como la Línea Amarilla. El 80 por ciento de las infraestructuras han sido destruidas o dañadas. Según la Comisión Electoral, la devastación generalizada ha impedido organizar la votación en otros municipios.
Las dificultades logísticas han sido enormes. Israel ha bloqueado la entrada de urnas, papeletas y toda la documentación necesaria para el recuento. La solución ha sido fabricarlo todo dentro de Gaza: urnas de madera construidas localmente y papeletas impresas en el propio enclave. Los colegios electorales han sido carpas de fibra de vidrio instaladas en terrenos abiertos, vigiladas por seguridad privada. Y los horarios se han adaptado a la falta de electricidad: el cierre a las cinco de la tarde para poder hacer el recuento con luz natural.
En Cisjordania, donde tampoco se celebraban elecciones municipales desde 2022, el panorama ha sido diferente pero igualmente complicado. La votación se ha desarrollado bajo la amenaza constante de los colonos israelíes. En algunos municipios, como Jirbet Abu Falah, los vecinos han organizado patrullas en las colinas para vigilar posibles ataques. La afluencia ha sido escasa en varios colegios electorales, y el ambiente ha estado marcado por el escepticismo.
«Cualquier elección bajo ocupación es inútil. Ellos pueden venir esta misma noche y arrestar a aquellos que incluso han sido elegidos en las urnas», ha dicho a la prensa Mahmud Bader, un empresario de Tulkarem, en el norte de Cisjordania. Su ciudad lleva más de un año con los campos de refugiados vecinos bajo control militar israelí.
La participación ha reflejado ese desgaste. En Cisjordania ha sido del 40,6 por ciento. En Deir al-Balah, del 21,2 por ciento. Lejos de las cifras que se esperarían en unos comicios después de dos décadas sin elecciones, pero suficiente para que la Autoridad Palestina pueda proclamar que el proceso ha sido un éxito simbólico.
El presidente palestino, Mahmud Abás, que lleva más de 20 años en el poder sin haber sido reelegido, ha depositado su voto en Al Bireh y ha declarado que «decimos al mundo que somos democráticos y merecemos un Estado palestino independiente con Jerusalén Este como capital». Ha prometido nuevas elecciones, como lleva prometiendo desde hace años sin que se celebren.
Para algunos gazatíes, votar ha sido un acto de resistencia. «Votar en Deir al-Balah supone mandar el mensaje de que los palestinos amamos la vida», ha dicho Rami Hamdallah, presidente de la Comisión Electoral Central. Mohamed Salman, de 56 años, ha explicado que su esperanza es que estas elecciones «reafirmen el nacionalismo palestino, eviten el borrado de la identidad palestina y solidifiquen nuestra conexión con esta tierra».
Otros, como Farah Shath, de 25 años, votaba por primera vez en su vida. «Aunque no se parece a ninguna otra elección en el mundo, es una confirmación de que seguimos existiendo en la Franja de Gaza a pesar de todo», ha dicho tras depositar su papeleta en una urna de madera.







