El comisario de Energía de la Comisión Europea, Dan Jorgensen, lanzó este martes una advertencia contundente sobre el impacto de la crisis en Oriente Próximo. El comisario danés ha elevado a 30.000 millones de euros el dinero extra gastado en comprar combustibles fósiles sin recibir ningún suministro extra desde que empezó la guerra en Oriente Próximo. Es decir, la Unión Europea está pagando mucho más por las mismas cantidades de petróleo y gas.
En declaraciones a los medios tras reunirse en Bruselas con el ministro moldavo de Energía, Dorin Junghietu, Jorgensen fue rotundo: «El mundo se enfrenta a lo que probablemente sea la crisis energética más grave de la historia, una que está poniendo a prueba la resiliencia de nuestras economías, nuestras sociedades y nuestras alianzas».
El comisario intentó tranquilizar al señalar que por ahora no hay problemas de suministro de hidrocarburos en la UE por el bloqueo del estrecho de Ormuz. Pero inmediatamente matizó: Seguimos preparándonos para una situación en la que pueda haber problemas de seguridad de suministro, no estamos ahí aún pero puede ocurrir, especialmente en queroseno. El queroseno es el combustible de la aviación, un sector especialmente vulnerable porque tiene pocas alternativas y no puede electrificarse a corto plazo.
«Esperamos no llegar ahí, pero nos estamos preparando. La esperanza no es una estrategia», añadió el socialdemócrata danés.
Jorgensen también advirtió sobre las consecuencias a largo plazo del conflicto. El comisario señaló que es demasiado pronto para decir cuándo volveremos a una situación normal y agregó que, aunque eso ocurra, en el mejor escenario, la situación es muy seria porque algunos de los daños a infraestructuras energéticas en el golfo Pérsico, especialmente en Catar, tardarán años en recuperarse.
Ese dato es relevante porque Catar es uno de los principales proveedores de gas natural licuado del mundo. Si sus instalaciones han quedado dañadas, la Unión Europea tendrá que buscar alternativas más caras o más lejanas. Este diagnóstico apunta a que la crisis actual dejará secuelas duraderas en la capacidad de producción y exportación de un combustible clave para Europa desde que redujo su dependencia del gasoducto ruso.
Según el comisario, la lección más importante que deja el cierre del estrecho de Ormuz es que la dependencia energética no es solo una cuestión económica, sino también una vulnerabilidad estratégica. Con esta afirmación, Jorgensen quiso subrayar que los Estados miembros no pueden seguir confiando en la seguridad de las rutas comerciales marítimas ni en la buena voluntad de países terceros para garantizar el suministro.
El comisario defendió las recetas comunitarias de siempre: reforzar las interconexiones entre países, diversificar los mercados proveedores y acelerar la electrificación y la expansión de las energías renovables. El alto funcionario comunitario concluyó que además de mitigar la volatilidad a corto plazo, a largo plazo la UE debe acelerar sus esfuerzos para construir una resiliencia duradera mediante interconexiones más sólidas, una mayor diversificación, la expansión de las energías limpias y una integración más profunda del mercado.
De momento, la Comisión Europea no ha activado ningún mecanismo de emergencia, pero Jorgensen dejó claro que todas las opciones están sobre la mesa si la situación empeora. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, calculó la semana pasada que cada día Europa se gasta 500 millones de euros de más en energía.







