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martes, 3 febrero,2026

Juan Taborcía: “Las políticas antitabaco están abandonando la ciencia y empujando a los consumidores al mercado negro”

Formado en el activismo universitario liberal y hoy instalado en el epicentro del debate regulatorio europeo, Juan Taborcía representa un perfil cada vez más habitual en Bruselas: jóvenes profesionales que han pasado de las ideas al policy making.

Su trayectoria comenzó en Estudiantes por la Libertad, una organización internacional centrada en la difusión de los principios del libre mercado y la libertad individual en las universidades, y continúa actualmente como representante global de Considerate Pouchers, una asociación que defiende los derechos de los consumidores de bolsitas de nicotina.

Desde el Parlamento Europeo, Taborcía participa en uno de los debates más controvertidos de la agenda sanitaria: la regulación de productos alternativos al tabaco tradicional, la reducción de daños y el choque entre evidencia científica y decisiones políticas.

En esta conversación aborda su recorrido personal, el modelo sueco, la situación en España y Canarias, y los riesgos —a su juicio— de una política basada en prohibiciones de facto.

P. Para empezar, cuéntanos quién es Juan Taborcía y cuál ha sido tu recorrido vital y profesional.

R. Yo empecé muy joven en Estudiantes por la Libertad, que es una organización global cuya misión es educar en las universidades sobre el libre mercado, la libertad individual y distintas corrientes de pensamiento económico. Esa etapa forma parte ya de mi pasado natural: es una organización estudiantil y, como tal, uno pasa por ella y luego deja paso a las siguientes generaciones, a las que sigo ayudando cuando puedo.

Actualmente me dedico a algo distinto, aunque conectado con la política pública. Represento a nivel global a una organización de consumidores de bolsitas de nicotina llamada Considerate Pouchers. Nuestro trabajo principal es la interlocución con las instituciones europeas, especialmente con el Parlamento Europeo, para defender los intereses de los consumidores frente a iniciativas políticas que ignoran la evidencia científica.

P. ¿Por qué surge la necesidad de una organización como Considerate Pouchers?

R. Porque durante muchos años se ha asociado la nicotina exclusivamente al hábito de fumar cigarrillos, que es extraordinariamente perjudicial. Sin embargo, desde hace aproximadamente una década existen productos como las bolsitas de nicotina, que son similares a una bolsita de té que se coloca en la boca y que solo contienen nicotina, sin combustión ni tabaco.

La nicotina, por sí sola, no provoca cáncer ni las enfermedades asociadas al tabaquismo. Lo que mata es el humo, el alquitrán y la combustión. El problema es que muchos responsables políticos siguen legislando como si todo fuera lo mismo.

P. Suecia aparece constantemente como ejemplo en este debate. ¿Por qué?

R. Porque los datos son irrefutables. Suecia lleva más de diez años con una regulación que permite la elección del consumidor y es hoy el país con la menor tasa de tabaquismo del mundo desarrollado. Tiene un 44 % menos de muertes por cáncer y enfermedades relacionadas con el tabaco y, además, lidera la menor tasa de tabaquismo juvenil.

Están a punto de convertirse oficialmente en el primer país libre de humo del mundo, con una tasa de fumadores en torno al 5 %. Actualmente están en el 5,3 %. Esto no es ideología, son resultados.

P. En Canarias, sin embargo, estos productos apenas se ven. ¿A qué lo atribuyes?

R. Creo que hay varios factores. Uno es cultural: el consumo de nicotina no es igual en todos los territorios. Otro es logístico. Canarias es la única región de la Unión Europea con una aduana propia, lo que introduce fricciones en la cadena de suministro y puede desincentivar la entrada de ciertos productos.

Dicho esto, también es una cuestión de tiempo. Hace unos años apenas se veían coches eléctricos en Canarias y hoy son algo habitual. Estos cambios no se producen de la noche a la mañana.

P. ¿Qué papel juegan las grandes tabacaleras en todo esto?

R. Yo no represento a la industria tabacalera, represento a los consumidores. Es evidente que las grandes empresas buscan seguridad jurídica y marcos regulatorios claros, pero nuestra función es otra, defender a personas que han dejado de fumar y han mejorado su salud gracias a estos productos.

Lo que no podemos aceptar es que, en nombre de una supuesta protección del consumidor, se le empuje de vuelta al cigarrillo o al mercado negro.

P. Has sido muy crítico con las propuestas del Ministerio de Sanidad y de la Comisión Europea.

R. Porque lo que se está planteando es, en muchos casos, una prohibición de facto. Limitar la nicotina a 0,99 miligramos por bolsita, como se ha propuesto, equivale en la práctica a prohibir el producto. Y ya sabemos lo que ocurre cuando se prohíbe algo que la gente sigue demandando, que aparece el mercado negro.

Yo lo he vivido personalmente en Bruselas, donde las bolsitas están prohibidas. Acabas comprando productos sin control sanitario, vendidos de manera clandestina. Eso sí es un riesgo real para la salud pública.

P. Defiendes con insistencia el enfoque de reducción de daños. ¿En qué consiste exactamente?

R. En regular de forma proporcional al riesgo. Según los últimos informes de organismos independientes, los cigarrillos representan el 100 % del riesgo en la escala de productos de nicotina, mientras que las bolsitas están en torno al 0,1 %. No son productos inocuos, pero reducen el riesgo en más de un 99,9 %.

Esto debería reflejarse en impuestos, regulación y discurso político. Tratar igual lo que es radicalmente distinto no protege a nadie.

P. ¿Qué opinas de los tratamientos farmacológicos para dejar de fumar financiados por la sanidad pública?

R. Todo lo que reduzca daños me parece positivo: pastillas, parches, sprays, vapeadores o bolsitas de nicotina. No existe una solución única para todos. Cada persona debe poder elegir qué le funciona.

En otros países las bolsitas de nicotina ya se incluyen dentro de la terapia médica de reemplazo de nicotina. España va con retraso en ese sentido.

Antes de despedirse, Juan Taborcía insiste en el eje central de su discurso: “Las políticas sanitarias deben basarse en la ciencia, en los datos y en los resultados reales, no en eslóganes ni en dogmas ideológicos”. Para él, tratar a los consumidores como adultos responsables no es una concesión, sino una condición imprescindible para diseñar políticas públicas eficaces y creíbles.

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