El reloj de Pedro Sánchez marca este lunes dos citas por la mañana y nada por la tarde. A las nueve y media abre en Madrid el congreso anual del Instituto de Empresa Familiar y, hora y media después, se sienta al frente de la Ejecutiva Federal del PSOE en Ferraz. A partir de ahí, su agenda queda en blanco, y ese vacío es lo que ha puesto a media clase política a hacer cálculos.
Ese hueco vespertino no ha pasado desapercibido en el propio partido. Varios dirigentes socialistas interpretan que no haber apuntado ningún compromiso para la tarde no es casual, sino la posible antesala de una disolución de las Cortes y de un viaje a la Zarzuela para que Sánchez ponga al corriente al rey de lo que haya decidido.
Lo que convierte el día en determinante es el calendario, no la agenda. Quien quiera votar el 29 de noviembre, la primera fecha a tiro, tiene que firmar hoy la convocatoria: solo así el decreto saldría mañana en el BOE y se cumplirían los 54 días que exige la ley entre la llamada a las urnas y la jornada electoral.
Con todo, nadie en el entorno del presidente da por hecho el paso. La duda entre convocar o aguantar lo que queda de legislatura sigue viva, hasta el punto de que fuentes socialistas reparten las apuestas casi al cincuenta por ciento después del varapalo de los decretos de vivienda en el Congreso.
Dentro del PSOE, eso sí, pesa más la balanza del adelanto. Buena parte de la dirección empuja a Sánchez a aprovechar el tirón de las manifestaciones del fin de semana y llamar a votar sin más demora, bajo la idea de que la ventana para hacerlo con viento a favor no durará siempre. El presidente lleva días escuchando a ministros y barones antes de pronunciarse.
De ahí que la reunión de media mañana en Ferraz se mire con lupa. Según el guion que manejan en el partido, si hay convocatoria llegaría una vez concluido ese cónclave, porque Sánchez quiere tomar primero el pulso a los suyos antes de mover ficha.
Enfrente, la oposición no suelta la cuerda. Alberto Núñez Feijóo repite su exigencia de elecciones y presenta la vivienda como la prueba del fracaso del Gobierno, mientras en Moncloa no se descarta que el presidente rompa su propia agenda con una comparecencia inesperada si opta por contar hoy mismo qué ha decidido.






