En el marco del primer Consejo de Asociación celebrado desde 2019, los Veintisiete han suscrito un comunicado conjunto en el que señalan el plan de autonomía marroquí como la base principal para alcanzar una solución «justa, duradera y mutuamente aceptable». Aunque el texto mantiene formalmente el respeto al principio de libre determinación del pueblo saharaui, el alineamiento con la propuesta de soberanía de Marruecos supone un giro de guion que deja al Frente Polisario en una posición de extrema debilidad diplomática.
La Alta Representante de la UE para la Política Exterior, Kaja Kallas, y el ministro marroquí de Exteriores, Nasser Bourita, han escenificado este acercamiento tras años de tensiones y bloqueos judiciales. Bruselas no solo considera ahora que una «autonomía verdadera» es la salida más viable al conflicto, sino que ha instado a todas las partes a sentarse a negociar «sin condiciones previas». Esto se produce apenas unos meses después de que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara una resolución en octubre de 2025 que ya apuntaba en esta misma dirección, consolidando un cambio de tendencia internacional que favorece las aspiraciones del reino alauí.
El Consejo de Asociación modificó las reglas de origen para permitir que los productos procedentes del Sáhara Occidental se etiqueten bajo la denominación de Marruecos, tratando de sortear las sentencias previas del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) que obligaban a diferenciar ambos territorios. La decisión busca blindar los acuerdos comerciales y de pesca, vitales para España, priorizando la estabilidad de la relación con Rabat sobre las reticencias jurídicas y las críticas de las organizaciones saharauis, que denuncian un expolio de sus recursos naturales.
Desde Madrid, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha celebrado el éxito de la cumbre, calificando a Marruecos como un socio «fundamental y amigo». Sin embargo, la nueva postura de la Unión Europea ha encendido las alarmas en el Frente Polisario y sus aliados, que acusan a Bruselas de «blanquear la ocupación» y alejarse del derecho internacional para satisfacer sus intereses económicos y de control migratorio. Con este paso, la UE abandona la equidistancia histórica para apostar por una solución política que, en la práctica, asume la soberanía de Marruecos sobre la antigua colonia española.







