Hace falta ser fatuo y narciso para pensar que el progresismo mundial mira a España, cuando España es cada vez más una cagada de mosca en el mapa. Esto lo ha dicho Sánchez, acuñado ya como autor de frases memorables, como la de aquella ministra mema que dijo que Zapatero era un líder planetario cuando asumió, por turno, la presidencia de la Unión Europea, cuyo titular es un mojón de carretera. Yo no sé si Sánchez es tan mentiroso que se engaña a sí mismo o si es verdad que está enfermo y su neurastenia le lleva a decir cosas tan disparatadas. En fin, me da igual, pero se ha enfrentado a Trump y a Israel, nada más y nada menos, y lo va a pagar, aunque esperemos que no lo paguemos también los españoles que no compartamos esa animadversión. Sánchez sigue creyéndose el ombligo del mundo y hasta que pinta algo en el nuevo desorden mundial y lo que ha hecho es cagar un país entero y meterlo en un callejón sin salida. Cuando llegó no era así, se ha ido haciendo poco a poco, y ha entorpecido su actuación cada día un poquito más. Para tranquilizarse debería ver la peli “Medianoche en París”, del maestro Woody Allen y echar la vista atrás: leer a Fitzgerald, conocer a Zelda, su liberal esposa que dicen que escribió “El gran Gatsby”, para que vea lo que es el fulgor y la muerte de un personaje; admirar a Degas y a Gaugin; ver torear a Juan Belmonte, conocer a Dalí, que entonces pintaba rinocerontes; a Buñuel, que hacía pelis que nadie entendía muy bien y por eso era un genio, como lo era Bergman; y conocer lo que es un liberal de verdad, como Hemingway, que luchó contra el franquismo con elegancia y sin estridencias; escuchar a Cole Porter, practicando lo inclusivo; y hasta admirar la cartelería de Toulouse Lautrec y el genio de Picasso. Así se sentirá tan insignificante como el americano que escribía novelas y que cada medianoche se trasladaba al pasado, en París. Y hubiera conocido a la bella provinciana encarnada por Marion Cotillard, que quería regresar a La Belle Epoque, para mí la actriz más bella de Europa junto a Julia Ormond –inolvidable su papel encarnando a Ginebra, con Sean Connery como rey Arturo–. En fin, Sánchez es un pobrecito inculto que yo creo que no ha leído un libro en su vida y que ve pocas pelis, a pesar de contar con un cine en La Moncloa y de asistir –sin la Pichona—a la Gala de los Goya. Pero es capaz de decir algo así como que España es un referente del progresismo. ¿Qué progresismo, el woke, en cuyo entorno una futbolista le coge el chichi a otra en un campo de fútbol? Vete por ahí, Pedro. Hay una frase memorable en la película “Guarapo”, de los hermanos Ríos, cuando no sé si Chela o el Minuto, cargado, se pone a cantar bajo la ventana del cuartel de la Guardia Civil y entonces aparece el sargento de la Guardia Civil (encarnado por el inolvidable Ángel Cánovas) a increparlos, y Chela o el Minuto, que ya no me acuerdo, le responde al suboficial, dada la hora que era seguramente: “¡Vete a echarte, merdellón!”.
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