La visita de León XIV a Tenerife puso el broche final a su histórico viaje a España y dejó imágenes inéditas para la historia de Canarias. El Pontífice, primer Papa que visita el archipiélago, centró su última jornada en la realidad migratoria, pero también protagonizó uno de los acontecimientos religiosos más importantes vividos en las islas durante las últimas décadas.
La jornada comenzó a primera hora de la mañana con su llegada al Aeropuerto Tenerife Norte. Desde allí se desplazó al centro de acogida de migrantes de Las Raíces, en La Laguna, donde mantuvo un encuentro con personas llegadas a Canarias a través de la ruta atlántica y con los profesionales que trabajan en la atención humanitaria. En este acto insistió en la necesidad de una respuesta basada en la dignidad humana, la solidaridad y la integración.
Posteriormente, el Papa se dirigió a la Plaza del Cristo de La Laguna para participar en un encuentro con entidades y organizaciones vinculadas a la integración de migrantes. La elección de La Laguna tuvo una fuerte carga simbólica, al tratarse de una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad y uno de los principales centros históricos y religiosos de Canarias.
Tras los actos laguneros, León XIV se trasladó a Santa Cruz de Tenerife. Antes de la celebración de la eucaristía recorrió varias calles de la capital a bordo del papamóvil, saludando a miles de personas congregadas a lo largo del itinerario preparado para la ocasión. La llegada del Pontífice al puerto fue uno de los momentos más esperados por los fieles.
La misa celebrada en la dársena de Los Llanos del Puerto de Santa Cruz constituyó el acto central de la visita. Más de 40.000 personas participaron en una ceremonia que reunió por primera vez en la historia reciente a dos de las imágenes más veneradas del archipiélago: el Santísimo Cristo de La Laguna y la Virgen de Candelaria. El traslado extraordinario del Cristo desde su santuario lagunero y su presencia junto a la patrona de Canarias convirtió la celebración en un acontecimiento excepcional.
Otro de los detalles más destacados fue la presencia de la Virgen de Candelaria ataviada para una ocasión histórica. La imagen lució un conjunto especialmente preparado para la visita papal, siguiendo la tradición de reservar determinadas vestiduras para acontecimientos de especial relevancia. La estampa de la patrona de Canarias junto al Cristo de La Laguna y el Papa quedó como una de las fotografías más representativas de la jornada.
Durante la homilía, León XIV volvió a insistir en los mensajes que marcaron su paso por Canarias: la acogida, la fraternidad, la paz social y la defensa de la dignidad de las personas migrantes. El Pontífice pidió construir una sociedad menos indiferente al sufrimiento ajeno y más comprometida con el bien común.
Concluida la misa, el Papa regresó al Aeropuerto Tenerife Norte, donde tuvo lugar la ceremonia oficial de despedida antes de emprender viaje de regreso a Roma. Así terminó una visita que situó a Tenerife y a Canarias en el centro de la atención internacional y que será recordada tanto por su mensaje social como por la histórica presencia conjunta del Cristo de La Laguna y la Virgen de Candelaria en Santa Cruz de Tenerife.







