El posible cierre del estrecho de Ormuz, un corredor marítimo esencial por donde transita cerca del 20 % del petróleo y del 25 % del gas licuado global, ha generado profundas inquietudes internacionales tras el bombardeo de EE.UU. e Israel a instalaciones nucleares en Irán. El Parlamento iraní aprobó recientemente una moción para bloquear el paso en respuesta a estas acciones, aunque la decisión final queda en manos del Consejo Supremo de Seguridad Nacional del país.
Desde Teherán, altos cargos como Esmail Kosari, de la comisión de seguridad parlamentaria, han declarado que el cierre «está siendo considerado» y que constituye una «opción legítima» de presionar a Occidente si se comprometen los intereses nacionales. Esta amenaza ha sido la más seria hasta ahora, lo que ha avivado temores de un conflicto regional con impacto global.
La reacción internacional no se ha hecho esperar. Estados Unidos ha calificado cualquier cierre como un suicidio económico para Irán y ha pedido a China, principal comprador de crudo iraní, que ejerza influencia para disuadir a Teherán. China, por su parte, ha abogado por mantener la estabilidad en Oriente Medio, destacando la importancia estratégica del estrecho para la economía mundial.
Los analistas advierten que un bloqueo prolongado podría disparar el precio del petróleo más allá de los 150 USD por barril, con efectos inmediatos en la inflación global y presión sobre bancos centrales . Además, las navieras han empezado a desviar rutas, y varios países occidentales ya han emitido alertas a sus barcos en la región.
No obstante, expertos creen que el impacto sería inclemente también para Irán, que depende del estrecho para gran parte de sus exportaciones y para la entrada de bienes esenciales. En este sentido, operadores y gobiernos señalan que el cierre resultaría más un perjuicio auto infligido que una victoria estratégica.
En Bruselas y Washington se evalúan planes de contingencia energética y naval para mantener el flujo de crudo y gas. Siguen de cerca los movimientos del Consejo Supremo iraní, donde la amenaza contextuada se ha vuelto alarmantemente concreta.







