Cuando parece que poco más se puede decir sobre el drama de la vivienda en Canarias siempre aparece un dato que obliga a una nueva reflexión. Y ya van muchas.
Pero es que que el precio de la vivienda usada suba un 18,6% interanual en Canarias y alcance 3.325 €/m² no describe un mercado “dinámico”, describe un mercado capturado: por la escasez inducida y por una economía donde vivir compite —y casi siempre pierde— contra invertir.
La consecuencia inmediata es obscena en su sencillez. Un piso estándar de 80 m² ronda 266.000 € (Fotocasa lo sitúa en 265.978 €). Para una sociedad con salarios que no han subido ni de lejos a ese ritmo, esto no es “tensión”, es expulsión.
Por qué hemos llegado aquí (y no es “mala suerte”)
- Oferta estructuralmente insuficiente (y no por falta de suelo).- Fotocasa reconoce un “desequilibrio entre oferta y demanda” como motor del encarecimiento a nivel estatal. Traducido a Canarias: poca vivienda residencial nueva, poca rotación y un parque que se escurre hacia usos más rentables.
- La vivienda se ha convertido en activo financiero.- Cuando un bien básico se trata como producto de inversión, el precio deja de anclarse a salarios y se ancla a expectativas: rentabilidad, revalorización, alquiler turístico, refugio patrimonial. El resultado es un mercado que “funciona”… para quien ya tiene capital.
- Competencia directa con el uso turístico (alquiler vacacional y estancias cortas).- No hace falta discutir ideología: si una unidad residencial puede rendir más fuera del alquiler estable, se desplaza. Y cuando se desplaza en un territorio fragmentado y limitado, la presión se concentra y se dispara.
- Políticas públicas con tiempos lentos y munición equivocada.- Subvencionar demanda (ayudas a compra/alquiler sin aumentar oferta real) suele ser gasolina: eleva capacidad de pago y se capitaliza en precio. Lo difícil —suelo, licencias, parque público, rehabilitación masiva— es lo que tarda, y por eso se posterga.
- La evidencia nacional apunta a un ciclo de encarecimiento sostenido.- El INE lleva años mostrando subidas intensas del precio de la vivienda y máximos recientes; esto no es una “rareza canaria” aislada, pero aquí el golpe es más cruel por la combinación de insularidad, presión turística y salarios.
Ventas “a precio de expulsión”
Cuando el precio medio se te va a los 266.000 € por 80 m², el mercado deja de asignar viviendas para decretar permanencia (quien hereda) o exilio (quien alquila o se va).
Pero claro, a veces no se tiene muy en cuenta que si la vivienda se vuelve inaccesible, cae también la natalidad y sube la edad de emancipación, degradando el tejido productivo.
Los trabajos esenciales (sanidad, educación, servicios, logística) se quedan sin población que pueda vivir cerca. La economía se convierte en un decorado caro atendido por gente cansada y lejos.
¿Soluciones?
No hay recetas mágicas, pero sí se podría implementar un paquete de medidas que funcionaría si se aplica con dureza, continuidad y datos:
- Parque público de alquiler (de verdad, no simbólico).- Construcción y compra pública/mixta, gestión profesional, alquiler asequible estable, y objetivos medibles por isla y municipio.
- Volcar vivienda vacía al alquiler residencial.- Incentivos y desincentivos: garantías, seguros, mediación pública, pero también fiscalidad/recargos cuando un activo residencial permanece vacío de forma especulativa (bien diseñado para no castigar casos justificados).
- Regulación efectiva del alquiler de corta estancia donde tensiona el mercado No discursos: zonificación, cupos, inspección, sanción real y coordinación municipal. Si compite con el alquiler residencial en zonas saturadas, hay que elegir prioridades.
- Acelerar licencias y rehabilitación, con condiciones.- Menos burocracia no puede significar “barra libre”: significa procedimientos rápidos a cambio de reservar porcentajes a alquiler asequible, vivienda protegida y tipologías para residentes.
- Proteger demanda vulnerable sin inflar precios.- Ayudas directas solo si van acompañadas de oferta y control; si no, se convierten en transferencia al propietario.
- Transparencia radical del mercado.- Datos públicos y trazables: precios reales (no solo oferta), % de compras no residenciales, peso del alquiler turístico, vivienda vacía, tiempos de licencia, y cumplimiento. Sin datos, se gobierna a ciegas y gana el lobby.
Al final, el dato de Fotocasa no es ni de lejos una curiosidad estadística, es el rastro de un modelo que permite que la vivienda sea más rentable como activo que como hogar.
Si terminamos aceptando eso como normal, nos quedaremos sin soluciones y solo nos quedará adaptarnos a vivir peor. Y de eso no se vuelve.







