El Gobierno de Canarias ha aprobado un nuevo plan de recuperación para el lagarto gigante de Tenerife (Gallotia intermedia), una de las especies más singulares del Archipiélago, ya que, pese a años de medidas, la especie sigue en una situación crítica y no ha logrado salir del borde de la extinción.
No se trata de una amenaza teórica. La distribución actual del lagarto gigante es apenas una sombra de lo que fue, sobreviviendo en enclaves muy concretos y aislados, principalmente en los acantilados de Teno —en la zona de Los Gigantes— y en la Montaña de Guaza, en el sur de la sila. Fuera de esos reductos, prácticamente ha desaparecido.
El dato es clarificador, pues ocupa menos del uno por ciento de su territorio original.
Guaza, el síntoma más claro del declive
Si hay un lugar donde se visualiza con crudeza la fragilidad de la especie es la Montaña de Guaza. Allí, la población ha sufrido un descenso significativo en apenas dos décadas, pasando de cifras que rondaban el millar de ejemplares a poco más de trescientos en algunos cálculos recientes.
No es una oscilación natural. Es una caída estructural.
Además, el problema no es solo el número, sino la composición de la población. La reducción de individuos reproductores compromete directamente la viabilidad futura de la especie. En términos simples: hay menos lagartos capaces de garantizar que la especie continúe.
Uno de los elementos más reveladores del plan es que el principal problema del lagarto gigante no es el clima, ni la geología, ni un proceso natural inevitable, es el impacto humano acumulado durante siglos.
El documento identifica con claridad a los principales responsables del declive: los depredadores introducidos, especialmente los gatos asilvestrados y las ratas.
En algunos estudios recientes, más de una cuarta parte de las ratas analizadas contenían restos de lagarto gigante en sus excrementos. A eso se suma la presión de especies invasoras y la competencia por el alimento con animales introducidos como conejos o cabras.
Al final, se trata de una especie con reproducción lenta y longeva frente a depredadores oportunistas y adaptables. El resultado, inevitable, es el retroceso.
Un nuevo plan
El nuevo decreto aprobado por el Ejecutivo autonómico no parte de cero. Canarias ya contó con un plan de recuperación anterior que, a la vista de los resultados, no ha logrado revertir la tendencia.
Eso convierte este nuevo documento en algo más que una hoja de ruta, es también una admisión implícita de que las medidas adoptadas hasta ahora han sido insuficientes.
El plan actual plantea actuar sobre varios frentes: reforzar el control de depredadores, mejorar la vigilancia, impulsar programas de cría en semicautividad, ampliar el conocimiento científico sobre la especie y aumentar la sensibilización social.
Pero la clave no está en el diseño, sino en la ejecución. Y ahí es donde históricamente han fallado muchas políticas de conservación en Canarias: falta de medios, de continuidad o de coordinación entre administraciones.
Un símbolo en juego
El lagarto gigante de Tenerife no es solo una especie más. Es un símbolo de la biodiversidad insular, un vestigio de la evolución única del Archipiélago y un indicador claro del estado de sus ecosistemas.
Su desaparición no sería solo una pérdida biológica, sería también el reflejo de una incapacidad institucional para proteger uno de los patrimonios naturales más valiosos de Canarias.







