Ceuta ha encadenado dos noches consecutivas de protestas y disturbios por la crisis migratoria, en una escalada de tensión que se ha saldado con cuatro militares heridos, doce personas detenidas y episodios de hostigamiento vecinal contra los migrantes que malviven en las playas de la ciudad. La ciudad autónoma, que afronta las consecuencias del asalto masivo del pasado 30 de julio con miles de inmigrantes aún en las calles, se ha convertido en un polvorín, con las fuerzas de seguridad desbordadas y un creciente hartazgo de la población.
El episodio más grave se produjo en la madrugada del jueves. Sobre las 5:30 horas, en la zona de Benzú, al norte de la ciudad, un grupo de entre 30 y 40 personas rodeó un vehículo del Ejército de Tierra en el que viajaban cuatro militares y comenzó a lanzarles piedras de grandes dimensiones. Los efectivos, que se dirigían a un puesto de vigilancia, lograron huir con lesiones y dieron aviso al 112, lo que permitió movilizar a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Los agentes detuvieron a doce personas de nacionalidad marroquí, algunas de las cuales intentaron escapar por mar, lo que obligó a intervenir al Servicio Marítimo de la Guardia Civil. Se trata del primer ataque directo a un vehículo militar desde el inicio de la crisis.
El miércoles por la tarde, miles de ceutíes se concentraron ante la Delegación del Gobierno para exigir la expulsión de los inmigrantes y la dimisión de los responsables políticos, muchos con banderas de España y coreando lemas como «Ceuta se defiende», «un caballa nunca se rinde» o «no invasión, expulsión». Al caer la noche, alrededor de cuatrocientas personas se dirigieron a las playas del Trampolín y Benítez, donde pernoctan cientos de migrantes, e intentaron echarlos de sus asentamientos improvisados. Algunos vecinos hostigaron a los extranjeros, arrojaron al mar sus mantas, colchones y pertenencias y llegaron a prender fuego a parte de los campamentos, lo que obligó a la Policía a intervenir con cartuchos de fogueo, botes de humo y pelotas de goma para evitar enfrentamientos directos entre ambos grupos.
La tensión se reavivó el jueves con un nuevo foco de conflicto. Un centenar de ceutíes bloqueó una de las carreteras de la ciudad, sentándose en el pavimento, para impedir que los vehículos de la Cruz Roja, escoltados por la Policía, llevaran agua y comida a los migrantes que permanecen en la playa del Trampolín. Los residentes, que aseguran estar «hartos» y sentirse «abandonados» por el Gobierno central, denuncian problemas de seguridad e higiene, en unas protestas que se prolongaron durante horas y causaron cortes de tráfico y daños en el mobiliario urbano.
El ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, que ha asumido esa coordinación tras la declaración de Ceuta como zona de interés para la seguridad nacional, pidió este jueves a todos los partidos que se sumen a «un mensaje claro» de «no a la violencia», en referencia tanto a las agresiones a los militares como al hostigamiento a los migrantes. La situación, casi un mes después de la avalancha, sigue lejos de encauzarse: con miles de personas aún en la ciudad, los recursos de acogida colapsados y una población cada vez más crispada, Ceuta afronta sus horas más delicadas, en un clima en el que la tensión amenaza con desbordarse por completo si no se logra una salida a corto plazo.






