Morgan McSweeney, jefe de gabinete y principal estratega del primer ministro británico, Keir Starmer, ha presentado su dimisión este domingo tras asumir la responsabilidad por el polémico nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington. McSweeney, considerado el arquitecto de la victoria electoral laborista, ha admitido en un comunicado que su consejo para designar al exministro fue un error que ha dañado al partido, al país y a la confianza en las instituciones debido a los nexos de Mandelson con el delincuente sexual Jeffrey Epstein.
Aunque el primer ministro ya destituyó a Mandelson el pasado mes de septiembre, la aparición de nuevos documentos del Departamento de Justicia de EE. UU. ha agravado la crisis al sugerir que el diplomático compartió información confidencial con el magnate pederasta. En su carta de despedida, McSweeney ha pedido recordar a las víctimas de Epstein cuyas voces fueron desatendidas durante décadas.
Esta salida deja a Starmer sin su colaborador más cercano y principal cortafuegos político en Downing Street. La oposición conservadora y formaciones como el Partido Nacional Escocés han elevado la presión, acusando al primer ministro de eludir su propia responsabilidad al permitir que sus asesores carguen con las culpas de sus decisiones personales. El caso Mandelson se ha convertido en la mayor crisis del ejecutivo laborista, obligando a revisar todos los protocolos de verificación de cargos públicos.
Keir Starmer se enfrenta ahora al desafío de reorganizar su equipo de gobierno en plena caída de popularidad. La dimisión de McSweeney se interpreta como un intento desesperado por salvar la cabeza del primer ministro, mientras la justicia británica continúa investigando la posible mala conducta del exembajador en el ejercicio de sus funciones oficiales.







