El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se desplazó este jueves a Ceuta, un día después de dejar vacía su silla en el Senado, y fue recibido con abucheos a su llegada a la Delegación del Gobierno. Alrededor de medio centenar de personas lo esperaba con gritos de «cobarde», «traidor» y «Ceuta está al límite». El ministro bajó del coche oficial y entró directamente en el edificio, sin acercarse a los concentrados, una actitud distinta a la de la ministra de Defensa, Margarita Robles, que en su visita del día anterior sí atendió las quejas de varios vecinos.
La protesta llegaba apenas 24 horas después del plante a la Cámara Alta. Marlaska había sido citado el miércoles en la Comisión de Interior del Senado para explicar la gestión de la crisis migratoria, pero no acudió y prefirió sumarse a los preparativos del dispositivo de Protección Civil por el eclipse solar. El ministro sostiene que no existe ninguna voluntad de incumplimiento y remite sus explicaciones al 28 de agosto en el Congreso, mientras el PP, que mantuvo la sesión con la silla vacía, y Vox anunciaron medidas legales y la petición de reprobación por su ausencia.
Ya en Ceuta, el ministro moderó el discurso oficial. Marlaska anunció el envío de 65 refuerzos policiales, con una Unidad de Prevención y Reacción de 45 agentes y otros veinte de la Brigada Central de Extranjería y Fronteras, para reforzar la seguridad y agilizar la gestión de la crisis. Rectificó además el mensaje de normalidad que el Gobierno venía sosteniendo y que había generado malestar en la ciudad, y rebajó el tono sobre las amenazas procedentes de Marruecos, en un intento de contener la tensión con Rabat en pleno pulso diplomático.
La ciudad sigue lejos de la normalidad casi dos semanas después de la entrada masiva de finales de julio, con miles de inmigrantes aún sin recursos. Una ONG cifra en unos 5.500 los menores que permanecen en Ceuta, mientras las autoridades vigilan la convocatoria de un nuevo intento de entrada para el 15 de agosto, ante el que se ha reforzado el dispositivo de seguridad. La frustración acumulada entre los vecinos, reflejada en el recibimiento al ministro, resume el clima de una ciudad que se siente desbordada y desatendida.






