El Instituto de Salud Carlos III ha confirmado el primer caso de viruela del mono en Ceuta, el de un menor marroquí de 13 años que llegó durante la entrada masiva del 30 y 31 de julio y que permanece aislado en un centro de acogida. El diagnóstico se suma a un cuadro sanitario cada vez más tensionado que contrasta con el mensaje de normalidad que el Gobierno insiste en trasladar desde el primer día de la crisis.
La ministra de Sanidad, Mónica García, elevó a once los casos de varicela y a ocho los de tuberculosis, tres más en pocos días, con dos pacientes ingresados y otro bajo sospecha. El brote de varicela ha pasado de cinco a once casos en menos de una semana, un ritmo de crecimiento que la propia ministra maquilló en una visita en la que volvió a rechazar que exista «colapso» y cifró la ocupación del hospital en torno al 53%.
La versión oficial choca de frente con la de quienes trabajan sobre el terreno. Coincidiendo con la presencia de García en Ceuta, los profesionales sanitarios se concentraron para denunciar la «degradación del sistema sanitario» tras el asalto, y las fuentes hospitalarias describen un hospital con seis médicos para atender hasta 300 urgencias diarias, muy lejos de la imagen de control que dibuja el Ministerio. La sarna, además, acumula más de un millar de casos desde el inicio de la crisis, con unos cinco nuevos diagnósticos al día.
García recurrió de nuevo a las cifras para defender su gestión: más de 3.000 migrantes vacunados, 99 profesionales de refuerzo y el registro sanitario de todos los menores. Esos datos, sin embargo, no despejan la pregunta de fondo que la ministra lleva mes y medio esquivando: por qué, casi 50 días después de la entrada masiva, miles de personas siguen hacinadas en asentamientos improvisados y en carpas sin condiciones, un caldo de cultivo para la propagación de enfermedades infecciosas que las propias autoridades reconocen vigilar a diario.
La viruela del mono es una enfermedad infecciosa que se transmite por contacto físico estrecho y cursa con fiebre, dolores musculares y lesiones cutáneas que evolucionan a ampollas y costras durante dos a cuatro semanas. El caso confirmado es puntual y está bajo control, sin que constituya un brote, pero su aparición en Ceuta, que no había registrado ningún contagio desde el brote nacional de 2022, evidencia la fragilidad sanitaria de una ciudad desbordada.






