La Comisión Europea ha asestado un golpe estratégico al dominio tecnológico de Google al exigirle que abra su sistema operativo Android a los servicios de inteligencia artificial (IA) de terceras empresas. En aplicación de la Ley de Mercados Digitales (DMA), el Ejecutivo comunitario busca evitar que el gigante estadounidense utilice su posición de control en los dispositivos móviles para favorecer exclusivamente a su propia IA, Gemini, en detrimento de competidores como ChatGPT o Copilot.
La vicepresidenta de la Comisión y responsable de Competencia, Teresa Ribera, ha subrayado que el objetivo es garantizar que los proveedores externos tengan las mismas oportunidades de innovar y competir en un mercado que está transformando la forma en que los ciudadanos interactúan con sus teléfonos. Según la resolución, Google dispone de un plazo de seis meses para implementar los cambios técnicos necesarios que permitan una integración fluida de otras herramientas de IA. De lo contrario, Bruselas advierte con la apertura de un expediente sancionador que podría derivar en multas de hasta el 10% de su facturación global anual.
La exigencia de la Comisión no se limita solo a la inteligencia artificial, sino que también refuerza la obligación de fomentar la libre competencia entre los motores de búsqueda. Bruselas considera fundamental que los usuarios de Android no se vean empujados por defecto a los servicios de Google, facilitando la elección de alternativas desde la configuración inicial de los dispositivos. Esta medida pretende derribar las barreras que, a juicio de los reguladores europeos, han mantenido un ecosistema cerrado durante años, limitando la pluralidad de opciones para el consumidor final.







