El Parlamento Europeo ha acordado este martes suspender de manera indefinida el proceso de ratificación del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, una medida de presión directa que responde a las amenazas de Donald Trump de imponer aranceles del 10 por ciento a ocho naciones del bloque. La Eurocámara bloquea así la entrada en vigor del tratado, dejando claro que no habrá avances legislativos mientras Washington mantenga su política de hostilidad económica contra los aliados que defienden la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia.
La decisión ha sido adoptada por una amplia mayoría de los grupos parlamentarios, que consideran inaceptable el chantaje de la Administración estadounidense. Los líderes europeos han subrayado que la integridad territorial de un Estado miembro no puede ser objeto de negociación comercial ni moneda de cambio para evitar gravámenes. Bruselas busca proteger a países como Alemania, Francia o los estados nórdicos, principales objetivos de la ira de Trump tras negarse a facilitar la compra de la isla ártica. Como consecuencia inmediata, las relaciones comerciales transatlánticas entran en un periodo de parálisis técnica de consecuencias inciertas para los mercados.
La suspensión de la ratificación supone un duro golpe para los sectores industriales que esperaban una rebaja de las barreras aduaneras. Sin embargo, desde la Comisión Europea se defiende que la unidad del mercado único es la prioridad absoluta. La presidenta de la Comisión ha respaldado la firmeza del Parlamento, señalando que la Unión Europea no negociará bajo coacción. Este bloqueo no solo detiene la supresión de aranceles prevista, sino que pone en peligro la cooperación en estándares tecnológicos y normativas medioambientales que ambos bloques intentaban unificar para competir con China.
El horizonte para que el acuerdo vea la luz se aleja ahora de forma drástica. Fuentes parlamentarias aseguran que el proceso no se retomará hasta que Washington retire formalmente las amenazas contra los ocho países señalados y garantice el respeto a los tratados internacionales vigentes. Mientras tanto, la diplomacia europea trabaja en la búsqueda de mercados alternativos y en la activación de mecanismos de compensación para las empresas que ya están sufriendo el impacto de la inestabilidad en el Ártico. Europa cierra filas y se prepara para una larga guerra de desgaste comercial que pone a prueba la solidez de la alianza occidental.







