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lunes, 9 febrero,2026

Aragón habló y aviso a los ingenuos, Sánchez no se irá

Hoy es un monográfico de Aragón. Y ha hablado. Y cuando Aragón habla, conviene escuchar con atención, aunque luego se haga como que no. El resultado electoral de este domingo confirma un giro político evidente: victoria del Partido Popular, necesidad aritmética de Vox, – si quieren gobernar-  retroceso del PSOE -pero les da igual-  y una izquierda alternativa incapaz de articular una mayoría.

La película, sin embargo, es otra cosa. Y en esa película el protagonista sigue siendo Sánchez, que vuelve a recibir un aviso serio de que el suelo electoral bajo sus pies se estrecha, pero a él le da igual.  Aragón no lo tumba, pero sí lo debilita simbólicamente: cada comunidad que cambia de acera convierte el discurso de la excepción territorial en una excusa cada vez más fina.

Los bloques que se quedan por el camino. El PSOE deja de ser partido eje y pasa a jugar a la defensiva, no cae tanto, no suma pero resiste. Y resistir, en política, es una forma lenta de perder, pero no pasa nada.  A su izquierda, Sumar, que ya no suma, confirma su problema estructural: discurso sin músculo territorial y tiene al electorado cansado. Mucho marco teórico, poca tracción electoral. El resultado es una presencia testimonial que no inclina mayorías ni condiciona gobiernos.

El aragonesismo histórico, con Chunta Aragonesista, aguanta como identidad, pero ya no como alternativa. La política identitaria sin poder real acaba convertida en patrimonio sentimental.

Y luego está el síntoma: Se Acabó La Fiesta (SALF). No gobierna, no decide investiduras y no aspira a gestionar. Pero aparece. Y cuando aparece, conviene no burlarse: recoge voto de hartazgo, de cansancio, de ciudadanos que no esperan soluciones, pero sí quieren señalar culpables. Hoy es minoritario; mañana, como  nadie toma nota, puede dejar de serlo.

Pero ojo!! No todo está perdido para Sánchez. Conviene no cometer el error clásico: dar por acabado a Sánchez. Sería de una ingenuidad imperdonable. Si algo ha demostrado es una extraordinaria capacidad para sobrevivir políticamente. Cuando faltan votos, se buscan; cuando las mayorías no existen, se fabrican; y cuando el marco legal incomoda, se reinterpreta con notable imaginación.

Quién sabe. Quizá un día de estos amanezcamos con un decreto-ley ómnibus de esos que todo lo arreglan, donde entre una reforma técnica y una disposición adicional, alguien descubra que ciertos votos pesan más que otros y que deben computar el triple. No sería lo más extravagante que hemos visto. Cosas peores han pasado y se han defendido con gesto solemne: la amnistía, por ejemplo, o gobernar en minoría con quienes jamás se pactaría.

El sanchismo no es una ideología cerrada; es una técnica de permanencia. No gobierna con mayorías sólidas, gobierna con tiempo y la ingenuidad de los que le votan. Estira la legislatura, retuerce el calendario y convierte cada cesión en un acto de responsabilidad democrática. No busca estabilidad: busca aguantar. Y, en ese terreno, suele jugar con ventaja.

Aragón es un aviso. Claro. Pero no es un desenlace. Sánchez escuchará solo si el silencio resulta más peligroso que el ruido. Mientras tanto, seguirá haciendo lo que mejor sabe: quedarse. Y habrá quien vuelva a sorprenderse cuando lo consiga.

Tiempo al tiempo. En la política sanchista todo es posible, lo que no lo es es que Sánchez se marche de La Moncloa.

Juan Inurria
Juan Inurria
Abogado. CEO en Grupo Inurria. Funcionario de carrera de la Administración de Justicia en excedencia. Ha desarrollado actividad política y sindical. Asesor y colaborador en diversos medios de comunicación. Asesor de la Federación Mundial de Periodistas de Turismo. Participa en la formación de futuros abogados. Escritor.

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