El presidente Donald Trump inauguró este martes el polémico centro de detención para inmigrantes en Ochopee, en los Everglades de Florida, apodado “Alligator Alcatraz”. Construido en sólo ocho días sobre un antiguo aeródromo en una zona pantanosa repleta de caimanes, serpientes y pitones, el complejo de alta seguridad está diseñado para albergar hasta 5 000 personas en espera de deportación e incorpora “jueces in situ” para procesar expulsiones en cuestión de uno o dos días.
Trump, flanqueado por el gobernador Ron DeSantis y la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem, defendió el emplazamiento señalando su efecto disuasorio: “Tenemos muchos guardaespaldas en forma de caimanes” para dificultar las fugas. Durante su visita, bromeó con instructivos para huir zigzagueando para evitar a los caimanes, una guasa que muchos criticaron como de “tono deshumanizante”.
Según el fiscal general de Florida, James Uthmeier, el centro se construyó bajo poderes de emergencia para responder a un aumento súbito en detenciones de migrantes en el estado. El lugar fue elegido precisamente por su entorno inhóspito, que reduciría la necesidad de medidas de seguridad tradicionales. Su coste anual se estima en unos 450 millones USD, financiados por el estado de Florida con reembolsos de FEMA.
Organizaciones por los derechos humanos, ecologistas y las tribus Miccosukee y Seminole han denunciado que el proyecto viola normativas ambientales y de protección cultural, al ubicarse dentro del Big Cypress National Preserve, un área protegida. Una coalición incluyendo a Friends of the Everglades y grupos indígenas ha presentado demandas legales para detener su operación mientras no se realicen los estudios ambientales correspondientes.
Por su parte, Trump y las autoridades locales han promovido el centro como pionero en la política migratoria nacional, incluso comercializando merchandising temático. Para Trump y DeSantis, es una herramienta eficaz que combina deportación rápida y efecto disuasorio extremo







