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lunes, 27 abril,2026

Al Qaeda y rebeldes tuareg lanzan una ofensiva coordinada en Mali y toman Kidal

Una alianza entre yihadistas de Al Qaeda y separatistas tuareg ha lanzado este fin de semana la mayor ofensiva militar en Mali desde 2012, con ataques simultáneos que van desde la capital, Bamako, hasta la ciudad norteña de Kidal, que ha caído bajo control de los insurgentes.

Los combates comenzaron en la madrugada del sábado, cuando explosiones y tiroteos se registraron casi al mismo tiempo en al menos seis ciudades del país. El grupo yihadista Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin, conocido como JNIM y afiliado a Al Qaeda en el Sahel, coordinó la operación con el Frente de Liberación de Azawad, una coalición de grupos rebeldes tuareg y árabes que reclaman la independencia del norte de Mali.

Ambas organizaciones han confirmado públicamente su alianza en comunicados en los que se felicitan mutuamente por los asaltos. El JNIM calificó al FLA como socios y detalló que sus fuerzas atacaron instalaciones en Kati y Bamako, además de tomar el control total o parcial de Mopti, Sevare, Gao y Kidal. Por su parte, el FLA anunció que la fuerza conjunta había capturado Kidal por completo y parcialmente Gao, confirmando así la alianza con el grupo yihadista.

Kidal, una ciudad de unos 25.000 habitantes de mayoría tuareg, tiene un peso simbólico enorme en Mali. Según analistas, quien controla Kidal controla el norte del país. La localidad había estado bajo control de facciones tuareg tras los acuerdos de paz de Argel de 2015, pero el ejército maliense y mercenarios rusos del Grupo Wagner la recuperaron por la fuerza en noviembre de 2023. El FLA se formó precisamente después de esa ofensiva gubernamental.

En Bamako, las explosiones se escucharon cerca del aeropuerto internacional Modibo Keita, que tuvo que suspender todos los vuelos de entrada y salida. También se registraron combates en Kati, una ciudad militar a las afueras de la capital donde residen varios ministros del Gobierno y que alberga instituciones estatales clave. El JNIM atacó además una base militar en Senou, en la región de Koulikoro, al sur de Bamako, e impuso un bloqueo en la carretera entre Bamako y Sikasso.

Los insurgentes atacaron la residencia del líder del país, el general Assimi Goita, y la del ministro de Defensa, el general Sadio Camara. Varios medios informaron de que Camara habría muerto en una explosión en su vivienda, aunque no hay confirmación oficial. El paradero de Goita se desconoce y el Gobierno militar ha tenido dificultades para controlar la narrativa, mientras los rebeldes inundan las redes sociales con imágenes de sus avances.

El ejército maliense aseguró que la situación estaba bajo control y que operaciones de rastreo seguían en curso. Un portavoz gubernamental afirmó que 16 personas habían resultado heridas y que se habían matado a varios cientos de insurgentes, aunque la cifra no pudo ser verificada de forma independiente. Se impuso un toque de queda nocturno en Bamako durante tres noches, de nueve de la noche a seis de la mañana.

En el norte del país, tanto el JNIM como el FLA atacaron conjuntamente Kidal y Gao. Kidal cayó rápidamente, aunque algunos enfrentamientos esporádicos continuaban el domingo, con tropas malienses resistiendo en antiguas posiciones de la ONU al sur de la ciudad. En Gao, sin embargo, los combates siguen y solo parte de la ciudad está bajo control de la fuerza conjunta JNIM-FLA, mientras tropas malienses y mercenarios rusos permanecen atrincherados en antiguas bases de las Naciones Unidas.

Un portavoz del FLA, Mohamed Elmaouloud Ramadane, declaró que las fuerzas rebeldes habían alcanzado un acuerdo para permitir que los mercenarios rusos abandonaran un campamento sitiado en las afueras de Kidal, donde las fuerzas armadas malienses aún están atrincheradas. Circulan en redes sociales informes no confirmados sobre negociaciones entre los rusos y las fuerzas rebeldes.

Los insurgentes utilizaron tácticas militares convencionales combinadas con coches bomba suicidas y drones kamikaze como multiplicadores de fuerza, lo que permitió la escala masiva de la ofensiva. Es la mayor operación de este tipo en Mali desde 2012, cuando Al Qaeda y sus aliados rebeldes tomaron todo el norte del país y provocaron una intervención militar liderada por Francia.

Mali ha sufrido una escalada de inestabilidad en los últimos años. El país, rico en oro y otros minerales valiosos, lleva más de una década lidiando con grupos armados vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico, además de la rebelión separatista tuareg en el norte. En 2020, oficiales militares liderados por Goita tomaron el poder en un golpe de Estado. La junta militar rompió relaciones con Francia, la antigua potencia colonial, y expulsó a las fuerzas francesas y a la misión de paz de la ONU, cuya retirada se completó el año pasado.

En su lugar, el régimen militar se apoyó en el Grupo Wagner, que operaba en Mali desde 2021 y que ahora se ha convertido en el Africa Corps, una organización bajo control directo del Ministerio de Defensa de Rusia. En julio del año pasado, las autoridades militares concedieron a Goita un mandato presidencial de cinco años que puede renovarse tantas veces como sea necesario sin elecciones.

La primera ministra de Mali, Michelle O’Neill, no ha hecho declaraciones públicas desde el inicio de los ataques. En cambio, los combatientes han difundido imágenes de sus avances en las redes sociales, mostrando vídeos de luchadores entrando en la residencia del gobernador de Kidal.

La alianza entre el JNIM, un grupo yihadista, y el FLA, un movimiento etno-nacionalista centrado en la autonomía o independencia del norte de Mali, es un recordatorio de la fluidez de las alianzas en el Sahel. Ambos grupos han denunciado la alianza del Estado maliense con Rusia, aunque el JNIM animó a los mercenarios rusos a mantenerse al margen de los combates.

El JNIM había estado atacando camiones de combustible desde septiembre, lo que provocó que Bamako quedara paralizada en octubre de 2025 por un bloqueo económico y de combustible. El grupo selló las principales autopistas utilizadas por los camiones cisterna que transportaban combustible desde los vecinos Senegal y Costa de Marfil hacia el país sin litoral del Sahel. Durante semanas, la mayoría de los residentes de Bamako no pudieron comprar combustible para coches o motos, dejando la capital normalmente bulliciosa en punto muerto.

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