Las vigas de madera que sostienen el antiguo empaquetado de Fyffes en Adeje llevan grabada la fecha de 1904. Bajo aquel techo, la compañía británica clasificó durante décadas los plátanos y tomates que salían de la Finca Los Olivos rumbo a los mercados europeos. Un siglo largo después, el edificio vuelve a girar en torno al producto de la tierra: será la nueva sede del agromercado del municipio, que abandona el polígono de Las Torres para instalarse en pleno centro urbano, en el barrio de Las Nieves.
Un salto de tamaño
Los 35 puestos actuales se han quedado cortos para un municipio en plena expansión, y el traslado casi duplicará esa capacidad hasta los 65, repartidos en más de 2.100 metros cuadrados, con zona de artesanía y cafetería. La operación, dotada con cerca de 3,2 millones de euros, se enmarca en el Plan EDIL Centro Urbano de Adeje, de unos 15 millones. El calendario prevé la apertura del mercado en julio de 2028, mientras que el espacio cultural que se habilitará en el viejo salón de Fyffes llegaría en el primer semestre de 2029, y la parte más antigua del inmueble se reconvertirá en museo de la historia local.
Comprar al que cultiva
Lo que no cambiará con la mudanza es la esencia del sitio: aquí se compra directamente a quien ha trabajado la tierra. Sin intermediarios de por medio, el agricultor despacha su propia cosecha y explica de dónde viene cada cosa. El Ayuntamiento concibe el agromercado como un servicio público para apuntalar el sector primario y tejer una relación comercial justa entre productor y comprador, con el producto fresco y de temporada como bandera.
Una despensa de proximidad
Lo que se despliega sobre los mostradores es el reflejo de las fincas del entorno. Mango, papaya y aguacate junto a cítricos, hortalizas, papas canarias y hierbas aromáticas, y al lado los quesos de cabra, la miel, el vino, los huevos, la carne de cochino negro o la repostería hecha en casa. El rótulo que preside el mercado lo resume sin rodeos: de la tierra a la mesa, kilómetro cero.
El beneficio se queda en casa
Detrás de cada transacción hay algo más que una compra. Al suprimir intermediarios, el pequeño productor conserva un margen mayor, que revierte en la isla, y la actividad da trabajo y aprovecha recursos propios. Es, en el fondo, un modo de sostener la economía de las medianías, conservar el oficio agrícola y poner freno al abandono de los cultivos.
No solo Adeje
El mercado adejero es apenas una pieza de un entramado que recorre toda la isla. Tegueste, Tacoronte, Los Silos, San Miguel o La Orotava: cada comarca tiene su cita semanal con el agricultor. Todas comparten la misma idea, acercar lo que se cultiva y se cría en Tenerife a quien lo va a comer, y la ampliación de Adeje viene a reforzar ese papel en el sur.




