Daniel Ortega reapareció en público tras 61 días de ausencia para sentenciar, sin margen a la ambigüedad, que en Nicaragua no volverá a celebrarse ningún proceso electoral que ponga en riesgo el control del sandinismo sobre el poder. «Aquí no volverán a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder», proclamó durante el acto por el 47º aniversario de la Revolución Sandinista, celebrado en la Plaza de la Fe de Managua.
El dictador, de 80 años, dirigió sus palabras directamente contra la oposición exiliada, a la que acusó de vivir «conspirando» para organizar partidos con los que ganar unas eventuales elecciones. «No crean que porque no hay guerra estamos en paz. Ellos viven conspirando, buscando cómo organizar partidos, para que, en una elección, esos partidos ganen las elecciones», advirtió. Y remató con una frase que no deja lugar a matices: «Aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al Gobierno. ¡Jamás, jamás, jamás!».
El anuncio no se quedó en lo retórico. Ortega adelantó que impulsará nuevas leyes en la Asamblea Nacional para levantar lo que definió como «un muro» contra la oposición, «para que los golpistas, los vendepatrias, no puedan volver al Gobierno» por mucho dinero que reciban de Estados Unidos, según sus palabras.
La reforma constitucional aprobada en Nicaragua ya había ampliado de cinco a seis años el mandato presidencial y creado la figura de «copresidenta», cargo que ocupa su esposa, Rosario Murillo, sin que mediara elección alguna para ese puesto. Formalmente, el país debería celebrar elecciones generales en noviembre de 2026, pero esa misma reforma constitucional retrasa la cita a noviembre de 2027. El régimen gobierna desde 2007, tras una etapa previa de Ortega en el poder durante la década de 1980, y encadena procesos electorales cuestionados por la comunidad internacional en los que ha ido eliminando a candidatos opositores y encarcelando a decenas de disidentes, entre ellos siete aspirantes presidenciales en 2021.
La reacción de Washington llegó de inmediato. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, calificó la declaración de Ortega de muestra de «su verdadera naturaleza autoritaria» y pidió a la comunidad internacional que condene lo que describió como la deriva de una «dictadura familiar». En el mismo discurso, Ortega expresó su solidaridad con los regímenes de Cuba y Venezuela y criticó la operación militar estadounidense que en enero de este año terminó con la captura de Nicolás Maduro en Caracas, a la que calificó de «monstruosidad».






