Israel convocó a Francisca Pedrós Carretero, encargada de negocios de la Embajada española en Tel Aviv y máxima representante de España en el país desde que se retiró a la embajadora, para expresarle formalmente su protesta. El motivo fue la quema de un muñeco gigante de Netanyahu el pasado 5 de abril en El Burgo, un municipio malagueño de 1.800 habitantes que recibió ese día a unos 2.000 visitantes para presenciar su tradicional Quema de Judas.
El Ministerio de Exteriores israelí publicó un comunicado en redes sociales acompañado de un vídeo de la celebración en el que calificó lo ocurrido de «lamentable muestra de odio antisemita» y lo atribuyó directamente «a la incitación sistemática del Gobierno de Pedro Sánchez». El comunicado concluía con una queja explícita: «Incluso ahora, el Gobierno español guarda silencio.»
Lo que ardió en El Burgo fue una figura de siete metros de altura, construida por voluntarios del pueblo, rellena de 13,9 kilogramos de pólvora. El muñeco, con los rasgos del primer ministro israelí, estalló en cinco minutos de llamas y petardos ante los aplausos del público. La alcaldesa, María Dolores Narváez, explicó que el mensaje que querían transmitir era «no a la guerra, no al genocidio», y defendió que la elección del personaje responde a la lógica simbólica de la festividad: «Aquí se quema todo lo malo después de la Semana Santa para que el Domingo de Resurrección resucite lo bueno.» El año pasado, el turno había sido de Donald Trump.
La tradición se remonta a mediados del siglo XX, cuando un sacerdote vasco empezó a organizar en el pueblo la quema de una figura que representaba «el mal». Con los años se convirtió en un acto de denuncia social y política. En ediciones anteriores han ardido, entre otros, futbolistas condenados por violación y figuras de la corrupción. La festividad no es exclusiva de El Burgo. En Coripe, Sevilla, se celebra una quema similar declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Este año, la efigie fue la de Putin, con fotografías de Trump y Netanyahu adheridas, pero esa celebración no llegó a los despachos israelíes.
Narváez se mostró sorprendida por la dimensión de la polémica: «Nos sorprende que les preocupe más la quema de un muñeco que el asesinato de civiles y niños en Gaza.» El Gobierno español no había emitido ninguna declaración al respecto en el momento en que Israel hizo pública la convocatoria de la diplomática.







